El bandoneón, casi siempre, aparece en contexto: en la orquesta típica, el sexteto, el cuarteto de tango. Raramente en el centro de la escena hablando solo con sus pares. Fueyerías es exactamente eso: trece piezas para ensambles de bandoneones, sin soporte de piano ni cuerdas, concebidas como un documento sonoro y como un acto de militancia a favor del instrumento y de su repertorio menos transitado.
El proyecto llevó más de dos años de trabajo al bandoneonista, compositor e investigador cordobés Pablo Jaurena, co-producido junto a Ignacio Varchausky. La idea nació de una pregunta simple: ¿por qué no indagar en el repertorio específico para ensambles de fueyes, un formato que existe pero que casi nadie registra en disco? La investigación que siguió deparó hallazgos extraordinarios: piezas que se habían tocado una sola vez en televisión, arreglos inéditos que dormían en archivos privados, músicos que las habían estrenado y que todavía estaban en actividad. De ahí surgieron los tres ejes que organizan el álbum: rescate histórico, nuevas composiciones y nuevos arreglos para este formato.
El resultado convoca a 31 bandoneonistas de Argentina, Francia, Japón, Colombia y España, en un arco que va de los 22 a los 90 años —Víctor Lavallén, Rodolfo Mederos, Néstor Marconi, Lisandro Adrover, Daniel Binelli en un extremo; Ramiro Boero, Santiago Segret, Ayelén Pais, Natsuki Nishihara y Leandro Yoyo Pane en el otro—, grabados en Buenos Aires, Córdoba, Tokio, París, Madrid y Medellín. El dato geográfico no es decorativo: Jaurena eligió esas ciudades porque son los principales polos de desarrollo del bandoneón fuera de Argentina, y quiso que el disco diera cuenta de eso.
Algunos momentos del repertorio tienen su propia historia. «Loca bohemia», de Francisco De Caro con arreglo de Roberto Pansera, se había estrenado en 1986 en cuarteto de bandoneones durante un homenaje televisivo a Piazzolla, con Leopoldo Federico, Dino Saluzzi, Daniel Binelli y Rodolfo Mederos. Nunca había llegado al disco. Aquí se graba por primera vez en estudio, con el propio Binelli —quien guardó los manuscritos cuarenta años— junto a Jaurena, Santiago Segret y Daniel Ruggiero. «Flores negras», en cambio, viajó hasta Tokio: es la primera grabación de un arreglo inédito de Leopoldo Federico escrito para su última gira japonesa en 2002, con cuatro de los bandoneonistas que estuvieron en aquella gira, más Horacio Cabarcos en contrabajo. Y «Abandono», de Pedro Maffia, lleva la firma de Julio Pane —maestro de Jaurena, fallecido antes de poder grabarlo—, y lo interpreta su hijo Leandro Yoyo Pane en un dúo donde, según Jaurena, dos bandoneones suenan como muchos más.
El disco está dedicado a Julio Pane y a Francisco Jaurena, el padre de Pablo. Esa urgencia personal se siente en la música: Fueyerías no es un ejercicio académico sino una forma de hacer que algo exista: que los maestros graben lo que nunca grabaron, que los arreglos salgan de los cajones, que el instrumento hable por sí mismo.
Ale Simonazzi
Pablo Jaurena









