Revuelto

Zabala-Ortiz creadores de “Paisajes” de belleza

Música En su primer encuentro formal sobre un escenario, Cecilia Zabala y Coqui Ortiz ensamblaron sus personales talentos en Hasta Trilce para construir los “Paisajes” que pusieron nombre al soberbio espectáculo compartido. La guitarra, la voz, la poesía, esas materias primas de la canción, tienen el inasible poder de saber combinarse y abrazar infinitas posibilidades si es que anidan en espíritus inquietos, diversos y sensibles como los de Cecilia Zabala y Coqui Ortiz quienes en la noche del jueves se cruzaron artísticamente por primera vez para proponer “Paisajes”. Envueltos en la intimidad espacial y sonora de la sala porteña Hasta Trilce donde cada quien presentara sus novedades discográficas durante 2025, la improvisada dupla regaló desde fragmentos de confirmación de sus dotes autorales e interpretativas pero también de asombro ante un repertorio que fue brotando en una suerte de fogón y que hasta regaló momentos compartidos que invitan a imaginar futuras andanzas de a dos. Una de esas confluencias marcó el inicio de la velada con “El matecito de las siete”, un clásico del artista chaqueño que añadió una hermosa versión más a su cuantioso recorrido, y después la noche fue entregando momentos individuales pero nunca solitarios entre la compañía escénica y el expectante silencio del público. Cecilia, dueña de una musicalidad todoterreno que explota en lirismo desde una guitarra virtuosa y una voz plena de matices, escogió para sus intervenciones cinco de las piezas de sus más reciente y octavo disco solista “Sagrado rito”, pero también “Vermelho” que, recordó, compuso en una visita al Chaco. En el caso del visitante, que aportó su cálida hondura para abrazar un repertorio donde los colores de su territorio permiten viajar al seno de esa identidad pero también remontar otros cielos sin fronteras, repasó tres magníficos momentos de “Álbum de memorias” (el quinto y evocativo álbum de su cosecha personal), además expandió esos horizontes con más de tres décadas de fecunda actividad. Ella sola –capaz de hacerle músicas a textos de Javier Ruibal en “Sagrado rito” o escribir a partir de la guitarra de Juan Falú en “Sólo asi”) se lució especialmente en “Arte poética” e “Inventario”. Coqui, a su turno, recuperó el inspirado “Chamamé que se eleva”, defendió su propio mito en “El suquipuquero” y regaló “Tres esquelas”, un amoroso alegato que enlaza desde su madre hasta sus descendencias y que forma parte de una vasta producción que todavía no publicó pero está dispuesto a registrar. Animándose al dúo, Zabala y Ortiz se vincularon en torno a “Resistencia” y “Tonada de los viñedos” (dos creaciones que la artista porteña compuso respectivamente con Miguel Cantilo y Teresa Parodi) y para el bis de despedida, a casi 90 minutos del inicio, volvieron a reincidir a partir de la inmensa «Sólo luz» de Raúl Carnota. Invocando a los duendes y proponiendo la audacia de inyectarle belleza a este mundo hostil, Coqui y Cecilia consiguieron sumarle “Paisajes” a una canción que entre legados y novedades sigue batallando con la emoción a flor de piel.   Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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GENEALOGÍA DEL AMOR

Teatro Sobre Alma Mahler – Sinfonía de vida, arte y seducción, de Víctor Hugo Morales. LA CRIATURA LIED Es noche bien adentro del romanticismo alemán cuando nace la criatura. Franz Schubert le trae como presente la fusión perfecta entre poesía y música. La melodía vocal y el piano dicen cosas distintas, pero complementarias; el piano no acompaña, narra. Por su parte, Robert Schumann opina que no se debe olvidar la capacidad introspectiva de la recién nacida: es imperativo evitar que se pase la vida meta describir escenas de exteriores, sin ocuparse de los estados del ama. El tío Johannes Brahms opina que Schubert siempre es demasiado teatral, y ofrece sobriedad y densidad expresiva. Busca una emoción contenida, con gran trabajo armónico. ¿Y qué trae entre manos Hugo Wolf? Viejo lobo del mar de las palabras, llega henchido con la primacía absoluta del texto. La música se adapta minuciosamente a cada inflexión del poema: casi una declamación musicalizada. A esta altura no es sencillo saber en qué rama de este nutrido árbol genealógico se ubica Gustav Mahler. Pero es seguro que su intervención es ya sobre la niña crecida, en un tiempo en que la pequeña comprende que debe dejar de ser solo íntima, que puede volverse orquestal, cósmica, bordear la sinfonía. Lied, así la llama toda esta parentela de hombres que la miman, la buscan y admiran el modo en que este diálogo entre el piano y la voz, de a poco, encuentra perfiles sutiles, inesperados. Para Alma es el tiempo de antes de casarse. Su tiempo, entre1898 y 1901. Su relación con la muchacha Lied es íntima, de una economía expresiva propia de un vínculo donde la composición y la compositora se tratan de igual a igual, de mujer a mujer. Aún no lo saben, pero no se verán en muchas ocasiones. No más de 14 veces, algunas incluso después que Gustav, el marido de Alma, revocara su decisión de impedirle componer, casi sobre los escombros de su matrimonio. Sin embargo, cada encuentro es íntimo y no busca desarrollar grandes formas. El piano nunca construye un mundo autónomo, sino que sostiene a la voz. Habrá, eso sí, momentos de cromatismo suave, pero sin romper del todo la tonalidad. Nunca radicalidad ni contraste dramático, sí refinamiento. En cuanto a qué decirse, siempre eligen poesía de fraseo muy cantábile, con líneas vocales fluidas Lírica y concentrada, Alma. LA CIUDAD EN SILENCIO “De un lado de la escena, un escritorio con muchos libros, anotaciones y partituras. Del otro, un sillón. Detrás, la habitación que comparte con su esposo. suena Die stille stadt de Alma Mahler mientras ella escribe en su escritorio” (1) La composición La ciudad silenciosa de Alma toma el texto de un poema de Richard Dehmel (1863–1920), poeta alemán muy influyente en el cambio de siglo, especialmente en el ámbito del Lied, porque sus textos fueron musicalizados por compositores como Richard Strauss y Arnold Schoenberg (el famoso Verklärte Nacht está basado en un poema suyo). Dehmel fue muy leído y también estuvo en el centro de muchos escándalos en su tiempo, ya que algunos textos suyos fueron censurados por su contenido erótico. Es de suponer que Alma Mahler percibió en este poema su lenguaje “musical”, ese que trabaja con atmósferas y no con narraciones cerradas. Una emoción, un estado de ánimo, una introspección que ella habitó desde adentro de la música. En la obra de Víctor Hugo Morales y en una primera entrada escuchamos el piano, no la letra. Sin embargo, una atmósfera sugiere algo en proceso de apagarse que recuerda al texto del poema. Y podríamos, por qué no, hacer conversar las dos escrituras: Dice el poema: “Hay una ciudad en el valle, /un día pálido se extingue;/no pasará mucho tiempo más/hasta que ni luna ni estrellas queden” (2) Y retruca la dramaturgia, troca la ciudad en el valle en vivienda aislada, en la palidez de una existencia de umbral: “Yo estaba allí. El lago, el bosque y Mahler, que salía de la cabaña solitaria hacia la casa. Y yo, a mitad de camino, como sería siempre” Pero insiste el poema: “Hay una torre que se eleva/desde un mar oscuro de casas;/una tarde silenciosa se congela, y ya no hay ninguna voz”. Una voz silenciada por años, ensombrecida, eclipsada por la luz de un dios sombrío: “Él venía con su manuscrito en la mano, sombrío como el bosque oscurecido por el atardecer, pero con un rayo de sol, atravesando los árboles y su rostro, como si fuera un haz divino de luz. Era Dios, él sentía que era Dios, mientras yo sostenía la cruz”. La luz torna de pronto crepuscular en el poema de Dehmel, es luz que canta una distancia y se escurre: “Un barquero pasa de largo/y canta una canción tan suave;/resuena tan dulce, tan extraña, a través del círculo del crepúsculo”. Luz de dar a luz, luz que suena desde un jardín que se habita en soledad: “Entendí que había terminado la Quinta Sinfonía. Hacía más de dos días que había escuchado el adagietto desde el jardín. Me dio los papeles y me miró el cuerpo embarazado. Él paría su obra más conocida y yo a su primera hija. “ Pero el poema persevera en mutaciones: “Escucho su canto, / y algo en mí se vuelve extraño;/como si la ciudad quisiera hundirse en un sueño profundo”. Y la dramaturgia hace el eco de ese hundimiento, al bajar una pequeña cuesta, o una pendiente muy pronunciada: “Él siguió brevemente su camino, bajando la pequeña cuesta y me quedé con la partitura en mi mano (…)  Era lo que yo tenía en mis manos, como depositaria, ese era el rol de una mujer. Sobre todo… de su mujer: ama de casa y copista de su obra Silencio, crepúsculo y lejanía, un estado del alma difuso, espectral. La música toca el cuerpo. El silencio resuena a un dejarse ir en un aturdimiento íntimo, donde Alma ya no coincide del todo con su alma. Todo, mientras la ciudad se hunde en su sueño. AMAR POR EL AMOR “Si amás por la belleza,

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Petroleros ambientalistas, una falsa paradoja

Territorio Entre octubre y noviembre pasados, la Justicia ordenó la reincorporación de dos trabajadores despedidos —junto a otros ocho— por la petrolera Shell. Entre los fundamentos, además de considerar que la medida fue discriminatoria por sus actividades gremiales, también se destacó que la persecución estaba vinculada a sus roles como defensores ambientales. A contramano de la falsa dicotomía entre desarrollo y ambiente, el fallo demuestra que existe un puente necesario si se quiere avanzar hacia un buen vivir aquí y ahora. Es 30 de agosto de 2024 en Ingeniero Jacobacci, provincia de Río Negro y está por comenzar la audiencia por el proyecto minero Calcatreu. Una gran cantidad de personas con pancartas a favor de la minería ingresa al polideportivo. Con pecheras de AOMA (Asociación Obrera de la Minería Argentina), se dedican a abuchear las pocas voces en contra, ya que la mayoría de quienes pudieron ingresar apoyaban el proyecto. Afuera, decenas de vecinos y vecinas intentan hacer oír su reclamo —No a la megaminería—, pero los bombos de los sectores gremiales los tapan. Ahora es enero de 2025. Un grupo de vecinos protesta frente a la oficina del proyecto minero San Jorge, en Uspallata, Mendoza. Otro grupo de personas identificadas con pecheras y banderas de la UOCRA (Unidad Obrera de la Construcción de la República Argentina) desciende de un micro y comienza a agredirlos: primero con palabras, luego con golpes. Un vecino resulta herido; otro interviene para evitar que la esposa del herido sea atacada. Dos días después, ese mismo vecino es detenido. No era la primera vez que una patota de la UOCRA agredía a quienes defienden el territorio. En 2013 ya había irrumpido en el acampe de Malvinas Argentinas, Córdoba, donde vecinos, vecinas y activistas resistían la instalación de una megafábrica de Monsanto, productora —entre muchas otras cosas— de Roundup, nombre comercial del glifosato, un herbicida ampliamente utilizado asociado a cáncer, problemas respiratorios y abortos espontáneos, entre otras afecciones. Estos episodios son expresiones extremas de una confrontación que busca instalarse entre trabajadores y ambientalistas, basada en una falsa dicotomía: desarrollo vs. ambiente. En ese marco, quienes defienden los territorios son señalados como obstáculos al progreso y a las promesas de empleo. Pero, ¿Qué es el progreso? ¿Para quién? ¿Para qué? Un puente necesario para un buen vivir aquí y ahora Gustavo Michel ingresó a trabajar en Shell en 2008 como operario y brigadista. “En 2014 me echaron por reclamar mejores condiciones de trabajo y por querer presentar una lista opositora al gremio”, recuerda en Después de la Deriva. Y agrega: “En ese momento ya denunciábamos problemas de salubridad y contaminación: muchos compañeros tenían benceno y tolueno en sangre. También hubo casos de asbestosis y enfermedades muy graves. La empresa hizo algunos estudios, pero después dejó de hacerlos”. Tras una importante lucha sindical, social y judicial, Gustavo fue reincorporado, pero en enero de 2025 volvió a ser despedido, esta vez junto a otros nueve trabajadores. Entre ellos, Pablo Placeriani, que había ingresado en 2015. “En mi caso, colaboré con el portal La Izquierda Diario, escribiendo artículos y participando en investigaciones sobre contaminación”, cuenta Pablo. Los despidos de enero fueron sin causa. Al llegar a la planta, los trabajadores se encontraron con un fuerte operativo de seguridad que les impedía el ingreso y recibieron un telegrama que citaba el artículo 245, que habilita despidos con indemnización sin explicaciones. Desde entonces, se movilizaron y denunciaron que se trataron de despidos discriminatorios. La Justicia les dio la razón en distintas instancias. En los casos de Gustavo y Pablo, además, señaló que la discriminación también se vincula con su rol como “defensores ambientales”. Petroleros y ambientalistas: ¿una rareza o no? “En Dock Sud, donde está la refinería, hay denuncias por problemas respiratorios, afecciones en la piel y niños con plomo en sangre. Durante años se usó plomo para aumentar el octanaje de las naftas. Luego se cambió la fórmula, pero la contaminación quedó en la tierra y el agua, y sigue afectando a Villa Inflamable”, explica Pablo. “Creo que nos despiden por ser testigos de estas situaciones. La empresa vende una imagen de excelencia en seguridad e higiene, pero esa no es la realidad que vivimos ni los trabajadores ni el barrio. Denunciar eso es lo que nos cuesta el trabajo”, agrega. Gustavo señala que esa lógica de descuido ambiental también impacta en las condiciones laborales: “A los pocos meses de nuestros despidos hubo un accidente gravísimo por la aceleración de los ritmos de trabajo y murió un compañero con 30 años de antigüedad. No fue un hecho aislado: estos accidentes se repiten. En 2018 pasó algo similar con un contratista. Yo mismo tuve que rescatar a un compañero que se estaba quemando”. Y continúa: “No son denuncias abstractas: son situaciones reales y muy graves, como los incendios en tanques de crudo, donde los trabajadores se salvan de milagro”. Estas condiciones no afectan sólo a quienes trabajan en la refinería: “Los vecinos ven los antorchazos y no saben qué pasa. La empresa oculta información y actúa con impunidad. Además, nuestros despidos disciplinan a quienes quedan adentro y desalientan reclamos por mejores condiciones”, advierte. Pese a los fallos que ordenan la reinstalación de ambos en sus puestos laborales, la empresa se niega a hacerlo. Frente a esta decisión, la Justicia ha intimado -todavía sin éxito- directamente al CEO de Shell. “Estos fallos son muy importantes porque reconocen que la defensa ambiental y la lucha laboral están conectadas. Son los trabajadores quienes viven en sus cuerpos estas condiciones y las denuncian, tanto dentro de la refinería como en el barrio”, señala Melina Acevedo, abogada del CeProDH. También recuerda que “la contaminación de Shell fue denunciada en todo el mundo y, en Argentina, quedó probada en el conocido Fallo Mendoza”. Pablo también destaca que los fundamentos de estos fallos de reinstalación los contemplen como defensores ambientales: “Establecen una relación muy natural entre las demandas del barrio y de los trabajadores”. Y agrega: “Los problemas ambientales no son ‘palermitanos’, no pertenecen a sectores ilustrados, estudiantes

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Zentner y el Coro Femenino Guastavino reponen una memoria sonora

Música Una decena de obras de tres siglos atrás compiladas por el obispo Martínez Compañón son recuperadas por los arreglos de Javier Zentner quien junto a las voces femeninas de la Escuela Coral Carlos Guastavino de Santo Tomé las ofrecerá el sábado a las 18 en un concierto gratuito del Auditorio DAMUS. El músico, compositor y docente Javier Zentner, con una larga y reconocida actividad como director coral, tendrá la batuta, los arreglos y la producción del concierto “Martínez Compañón. Una Mirada Nueva. Concierto para Coro Femenino” que el próximo sábado desde las 18 tendrá su primera presentación porteña tras la premiere mundial de agosto pasado en la ciudad de Santa Fe. Con entrada gratuita en el Auditorio DAMUS de la UNA (Av. Córdoba 2445), las voces serán las del Coro de la Escuela Coral Carlos Guastavino de Santo Tomé, que comanda Evelyn Plaumer, que deberá encarnar la recopilación que el obispo de Trujillo, Perú, Baltasar Jaime Martínez Compañón, encaró a mediados de la segunda mitad del siglo XVIII, y volcó en un códice manuscrito en nueve volúmenes, 1411 acuarelas y una veintena de partituras musicales que documentan su vida en la diócesis. Las músicas –registradas aproximadamente hacia 1780- fueron transcritas en forma de melodía con bajo, sin indicaciones de orgánico, orquestación ni formato coral. El contenido de los textos es variado y abarca desde la temática navideña hasta contingencias cotidianas y conflictos de amores. Sobre ese material, Zentner (que fue integrante y arreglador del Cuarteto Zupay, tomó parte del Coro Estable del Teatro Colón, el Conjunto 9 de Cámara y el conjunto madrigalista Cantica Nova, dirigió el Quinteto Clave y actualmente es responsable del Coro Cumpa), hizo un trabajo para conformar un repertorio de una decena de piezas sobre las 20 que componen el material completo. “Yo me acerqué inicialmente al material del Códice Martínez Compañón en mis tareas de productor artístico y acompañante musical del maestro Néstor Andrenacci en la grabación de un disco muy lindo que se llamó ‘Convidando está la noche’, que estaba dedicado a lo que se llama barroco latinoamericano. Y ahí tuve un primer acercamiento, incluso un lindo acercamiento musical porque a veces fue necesario improvisar ideas de instrumentación y en una de las obras aparezco en la ficha técnica tocando ‘Cajón de Sacristía’ que fue un instrumento que lo inventamos eh pidiendo prestado de la sacristía el cajón de un mueble para hacer un poco de percusión”, señala Zentner. Consultado acerca de su labor específica como arreglador de esas obras, el artista, de 74 años, apunta: “Yo le di seguimiento a ese material que es muy entrañable, muy sencillo, muy simple, pero a la vez con una gran belleza interior que trabajé con el criterio de que estas músicas son músicas populares, adaptables al cancionero latinoamericano que conocemos hoy día, lo que se ha llamado en algún momento raíz folclórica o proyección folclórica. Entonces mis arreglos corales son como si quisiera hacer una zamba del Cuchi Leguizamón o un loncomeo, no es distinto a eso. Porque, por otro lado, encontré justamente allí la raíz donde se junta la vertiente española, la vertiente de los pueblos originarios y, muy influyentemente, la vertiente negra. De hecho, eso aparece mucho en las ilustraciones del códice que son 1411 muy bellas acuarelas donde muchas de ellas están dedicadas a escenas donde la gente canta, toca y baila y ahí se aprecian mezcladas estas tres perspectivas”. En el mismo sentido, el autor de “Suite de Sefarad” y de las músicas para los haikus de Jorge Luis Borges, entre otras creaciones, considera que el rescate hecho por Martínez Compañón “están los embriones del huayno, de la chacarera en 6×8 cuando es con percusión, de la chacarera como joropo cuando instrumentamos solamente con cuerdas”. -¿Por qué este repertorio se propone para coro femenino? -Lo propuse para coro femenino a propuesta de mi amigo Gabriel Garrido, el gran maestro musical argentino que ha hecho carrera en Europa dedicándose al barroco americano, cuando tomando un café en el Bar Británico frente al Parque Lezama puso sus ojos en el horizonte y dijo, ‘qué lindo que sería el repertorio de Martínez Compañón cantado solamente por voces femeninas. Lástima que no haya esos arreglos’. Pero ni me miraba, miraba lejos. Así que asumí ese desafío e hice el trabajo durante entre ocho y diez años con interrupciones, y cuando esto estuvo listo, a comienzos de 2025, lo llevé a una asamblea de la Asociación de Directores de Coro de la Argentina que se hizo en Mendoza. -¿Cómo se da la confluencia con el Coro de la Escuela Coral Carlos Guastavino de Santo Tomé? -En esa asamblea en Mendoza, la comisión tuvo la muy buena idea de incluir una multiplicidad de pequeños talleres y conferencias, donde más de 50 expositores mostramos ideas, trabajos, comentarios, procedimientos y allí yo conté la historia de esta versión para coro femenino de las músicas encontradas en el códice y las mujeres de la Escuela Coral Carlos Guastavino de Santo Tomé se vinieron a mi taller y quedaron muy entusiasmadas con lo que escucharon y con lo poco que se pudo cantar. Pero ahí mismo nos fuimos a otra sala, cantamos un poco de una de las obras y quedó el entusiasmo por montar las 10 piezas en forma en concierto, una experiencia que tuvo su estreno mundial a finales de agosto de 2025 en la provincia de Santa Fe. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Montes devela “Un mundo guardado” que lo une a Yupanqui

Música Con el disco “Un mundo guardado–Canciones y poemas de Atahualpa Yupanqui”, Marcos Montes traza un personal acercamiento a esa herencia que asumirá el sábado en vivo con un recital gratuito en el Borges. El artista Marcos Montes, actor y músico capaz de abordar muy diferentes registros interpretativos, sorprende al adentrarse con conocimiento y personalidad en el universo yupanquiano con el álbum “Un mundo guardado–Canciones y poemas de Atahualpa Yupanqui” (Los Años Luz) que el próximo sábado a las 20 asumirá en vivo en un concierto gratuito en el Centro Cultural Borges (Viamonte 525). En notas de prensa Montes reveló que su vínculo con este repertorio lleva 15 años por escenarios de Argentina, Uruguay, Francia y España aunque la inspiración para abordarlo duplica ese tiempo ya que se remonta al momento en el que presenció en el Teatro Nacional Cervantes un concierto homenaje de Suma Paz a su mentor y sumo artista criollo. “’Hay un aromo nacido en la grieta de una piedra / parece que la rompió pa’ salir de adentro de ella’ nos dijo Suma a los espectadores. Ese día sentí un llamado, como me había pasado pocos años antes, cuando resolví dedicarme al teatro. Aunque ahora era otra la urgencia: me llegaba la necesidad de pasar el mensaje que la tierra tiene para sus hombres y mujeres”, evocó. Entre aquella revelación y el trabajo personal para hacer asumir ese legado, el cantante y guitarrista recién tomó la decisión de dejar registro de ese tránsito cuando se conformó la compañía Telón de fondo, junto a la pianista Fernanda Morello y el cineasta y autor José Militano. Acerca de ese proceso, Montes citó el consejo que Atahualpa Yupanqui supo darle a Suma Paz: “En la vida del artista hay largas esperas, y hay que saber detenerse. El camino es largo; cuidado con los atajos, son cortos, son lindos, pero la van a llevar a otro lado” y en tiempo presente apunta: “Deseo que los años que esperé para acercar al público este disco den cuenta de mi compromiso con la obra y el pensamiento de nuestro máximo trovador”. Pese a su sólido vínculo con la guitarra, al momento de grabar las nueve trabajadas piezas, sumó dos aportes pianísticos para sendas zambas: el de Facundo Ramírez en “La arribeña” y el de Gabriela Bernasconi en “La añera”. Pero otras zambas, la milonga campera, la entrerriana y la huella las aborda en solitario en una nómina que completa con “Milonga del peón de campo”/”Para el que mira sin ver”; “Los horneros”; “Recuerdos del Portezuelo”; “El aromo”/”Huella, huellita”; “El vendedor de yuyos”; “Zamba perdida”; y “Mi regreso”. Montes, además, incorpora otro de sus talentos al recitar intercaladamente versos de Don Ata para ofrecer un recorte parcial pero acabado del creador fallecido 23 de mayo de 1992, a sus 84 años, en la ciudad francesa de Nimes. “Un mundo guardado-Canciones y poemas de Atahualpa Yupanqui” toma algunas de las facetas del autor (o co-autor) de más de 300 obras, entre ellas: “Los ejes de mis carreta”, “Chacarera de las piedras”, “Luna tucumana”, “El arriero”, “Los hermanos”, “Piedra y camino”, “Zamba del grillo” y “Coplas del payador perseguido” y también una parte de su producción poética presente en títulos como “El cielo está dentro de mí”, “Cerro Bayo”, “Aires indios” y “El canto del viento”, aunque sobre ese friso sonoro despunta la voz propia de Montes quien no se limita a la mera recreación de esos tesoros culturales. Con esta placa, el artista alcanza su quinto volumen después de “Now’s the time” (2000) con el grupo de jazz vocal Blow Back; “Way down South” (2004); “Toco y me voy… un poco toco”, con la cantante y actriz Gipsy Bonafina (2008); y “Trois tangos”, con Axel Krygier y Gonzalo Demaria (2010), además de ostentar una imponente actividad actoral que entre 2009 y 2018 lo llevó a residir en Francia para trabajar con Alfredo Arias. También fundó el grupo de teatro (H)umoris Dramatis junto a Carlos Portaluppi y Guillermo Ghío e hizo participaciones en televisión, series y cine bajo las órdenes de James Ivory, Roland Joffe, Ana Katz, Anahí Berneri y Daniel Burman, entre más. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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“Unidad básica”, dirigida por Pompeyo Audivert y Andrés Mangone.

Teatro Sobre “Unidad básica”, dirigida por Pompeyo Audivert y Andrés Mangone. Hurgar en el vacío para llegar a la unidad básica, al mínimo ladrillo que constituye todo lo que existe y encontrarse con el infinito. Una partícula subatómica se subdivide en otra y esta, en otras, y cada vez que creemos llegar a la originaria, una explosión, una perseverante creación de mundo se obstina en particiones. Y lo que se parte parte, zarpa. Va hacia otro encuentro, hacia otra forma, hacia otra historia. Pero, si la historia padece de aferramientos, aunque el movimiento continúe, la potencia se estanca. Así pasa cuando lo originario está perdido. En Argentina, “unidad básica” remite a la célula mínima de organización del peronismo. No es un origen abstracto, sino un origen encarnado, conflictivo, construido y atravesado por luchas. Pero, se sabe, todo relato histórico incluye la trampa de un origen pleno. Porque, al igual que sucede a nivel de las partículas, lo originario está marcado por el desconocimiento, por un desfasaje, por un tiempo que es siempre antes o después. Así, nunca resulta una unidad, sino algo que se revela como fallado. Por eso, unidad básica puede leerse como resto mínimo, como la ruina que permanece después de una fractura, a la vez que resulta una ficción necesaria, la necesidad de recomponer una totalidad que no existe. Podríamos decir, la unidad no se rompe después, sino que ya nace dividida o dividiéndose. Y en esa dirección va la obra que se puede ver los domingos a las 18:30 en el Centro Cultural de la Cooperación. Lo básico de esta unidad es el punto de condensación de una pérdida, aquello que se invoca para suturar una división constitutiva, tanto en lo político como en lo subjetivo. ¿DÓNDE ESTÁ LA ENTRADA? Para la filósofa y psicoanalista Anne Dufourmantelle, la obsesión por la seguridad, por cerrar, por hacer Uno termina por separarnos, desterrarnos, exiliarnos de nosotros mismos. En cambio, frente a la unidad como totalidad, propone la dulzura: estar con otros sin reducirlos a lo mismo, un vínculo sin fusión. Y es evidente que Pelusa y Beto no leyeron a Dufourmantelle. Ha habido un golpe, Perón cayó o volvió a caer. Ellos fugan no se sabe de dónde ni muy bien hacia dónde, aunque el destino declarado e imposible sea la Antártida. Ha habido un golpe que los ha golpeado mucho y ambos están heridos. Y, mientras llegan a una primera estación del exilio -una unidad básica en Comodoro Rivadavia-, disputan por la heroicidad de sus heridas. Beto actúa como si la militancia consistiera en apretar los dientes y ser obedecido. Y Pelusa, sumergido en su herida, vacila entre el mandato y la renuncia. Los dos sangran. Pero Pelusa no puede más. Cuando un cuerpo grita que no puede más y el compañero le pega en la herida, el exilio ya está consumado. Sin embargo, ambos merodean en las afueras, como quien dice en el purgatorio- antesala del exilio. Así las cosas, ¿dónde está la entrada del exilio si, como afirma María, “ya no estamos en el país, señor”? Por su parte, María, Pedro y Oscarcito, -guardianes o pretendidos guardianes de la Unidad básica 3219; familia o rejunte; madre, padre e hijo o tres formas de la desolación y la servidumbre- habitan su propio ostracismo: “todo está inundado, el agua bloquea las salidas”. Para peor, “Ha habido una fractura”, “Ha habido traiciones”, “Ha habido renuncias para evitar males mayores”. Y, mientras unos ofrecen refugio, los fugados se tiran cuchilladas de muerte: un hábito de vínculo, que pretende no tener más consecuencias que un empujoncito. Así, la simplicidad de un “Perdóname, no es nada, vamos, compañero” indistingue vivir y morir. Así ocurre en la desolación, cuando el puente con el mundo y con ellos mismos se ha quebrado. Entonces, los exilios se superponen dentro de la unidad que se ha vuelto demasiado básica. Y, cuando Beto y Pelusa atraviesan el marco que une el interior con la inundación, solo Oscarcito, -¿el niño, ¿el viejo aniñado?, ¿el indio vuelto peón?- parece poder comprender qué ve a la distancia. Más silencioso que el resto, Oscarcito merodea su infancia inquieta, habla poco, aunque al circular entre los demás traza el hilo indispensable que une todos los exilios truncados. Oscarcito recuerda tanto al Clov de “Habitación Macbeth”, que una sospecha en un momento si detrás del vano de esa puerta no estarán dando otra función. Lo que es seguro: por ahí no se entra al exilio definitivo. EN LA RADIO NO HABLABAN DE TI El retrato de Perón y Evita ha sido cubierto con un mapa de la República Argentina, es decir, de un país que ya no existe, que va hacia el exilio de sí. Para colmo, cuando sopla el viento del sur, no hay forma de distinguir entre las ráfagas contra las chapas, la vibración de una frecuencia abierta de la radio y el jadeo de un animal recién despierto: “la respiración gigantesca que no termina más y pasa por encima”. El viento contra la chapa reedita el golpe a Perón y corta toda posibilidad de contacto: “Atención, aquí Unidad Básica 3219. Creemos tener los circuitos de recepción fundidos más no los de trasmisión. Asumimos estar siendo escuchados y no tener retorno, repito, no tenemos retorno, pero aún podemos trasmitir”. No hay retorno, entonces, porque lo que ocurrió aún ocurre como herida: “Perón murió hace rato” “Puede ser, pero el dolor no acaba”. Y, si el dolor se instala, el tiempo del reloj está abolido o es un secreto que solo María custodia a modo de afrenta o venganza contra ese hombre que no ha hecho más que ponerla en peligro con sus ilusiones radioaficionadas. También el espacio perdió sus coordenadas. Solo resta “viento, cenizas en el viento”, y un zumbido, como toda señal de un contacto. En el fondo del derrumbe, apenas persiste una vibración que conduce a otro fondo y a otro fondo: “La única verdad es la realidad María, por más que sea mentira”. LA MUERTA QUE

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“Hangar rojo” donde la memoria remonta vuelo

Cine La dolorosa historia latinoamericana con sus procesos políticos de muerte y represión encuentra en el largometraje chileno “Hangar rojo” que integra la Competencia Oficial del 27° Bafici en curso, un singular abordaje que aporta a la memoria desde un lugar tan novedoso como incómodo. La trama filmada se despliega en torno a los largos días donde se desplegó la asonada militar con la que Augusto Pinochet derrocó al presidente socialista Salvador Allende en septiembre de 1973, el cineasta Juan Pablo Sallato construye desde un drama ético y personal un documento de época que atraviesa y enlaza. Apoyado en el libro “Disparen a la bandada” de Fernando Villagrán y contando con un ajustado guion de Luis Emilio Guzmán, el realizador que aquí se lanza en solitario a la ficción recorta un subyugante perfil del capitán de la Fuerza Aérea Jorge Silva, que en el filme está a cargo de una academia de aviación donde los militares golpistas deciden instalar un centro clandestino de detención. Sobre el rostro y los gestos mínimos del aviador estupendamente asumido por Nicolás Zarate se aprecia el desacuerdo, el miedo y la obediencia que lo habitan en momentos donde queda colocado bajo el mando de quienes en su momento denunció. Esa angustia la traslada al hogar que comparte con Rosa (Catalina Stuardo) una profesora universitaria de historia y al vínculo con el sargento Hernández (Aron Hernández) su admirador y discípulo. Los arrestos masivos, la tortura, la sed de venganza de los uniformados contra el proceso político truncado y la rebeldía de Silva surcan como atmósfera una narración en blanco y negro donde el cine como arte toma la palabra. “Hangar rojo” entonces no solamente visita la evocación valiente y completa de un pasado desde una óptica diferente y lo hace a partir de un concepto audiovisual subyugante, sino que invita a conocer el recorrido de ese integrante de las fuerzas armadas que por su determinación padeció la tortura, la cárcel (una prisión compartida con camaradas como el general Alberto Bachelet, padre de la expresidenta trasandina) y el exilio en Gran Bretaña donde falleció en agosto de 2024. Tras un elogiado paso por otros festivales donde, por ejemplo en Málaga cosechó cuatro premios) y en el marco del Bafici en curso, a la película le queda una proyección que tendrá lugar mañana, domingo 19, a las 13.45, en la Sala 1 de Cinépolis Plaza Houssay. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Cooperativa Surgente y un llamado al retorno de los espíritus del agua

Cuentan las ancestras mapuches que en el agua habitan seres espirituales y que, cuando el agua es maltratada, esos seres se van; y con ellos, el agua. Algo de eso —dicen— sucedió en la laguna Carrilaufquen, en la localidad rionegrina de Jacobacci, donde hasta hace unos años había un espejo de agua y hoy sólo queda tierra agrietada. El 21 de marzo pasado, la Cooperativa Surgente —un colectivo que trabaja en ese territorio— hizo un llamado: recuperar la memoria del agua, reunirse a contar los momentos vividos en torno a la laguna, compartir anécdotas, abrazarse para alivianar la ausencia y “honrar el dolor”, es decir, transformarlo en motor para dar la pelea para que el agua vuelva. Las causas de por qué la Carrilaufquen se secó son múltiples. Por un lado, una estancia ubicada en la naciente del arroyo Maquinchao —su principal fuente— desvió el curso de agua hacia sus campos, impidiendo que llegue a la laguna. Por otro, la región atraviesa desde hace años una crisis hídrica, producto de la falta de lluvias y la ausencia de deshielo como consecuencia del calentamiento global. “En esa ronda de palabras salió muy fuerte esta idea de que los seres que habitan el agua se van. Y se van porque el agua está maltratada. Entonces, en realidad, estábamos todas y todos diciendo lo mismo. Y qué interesante es la interculturalidad cuando se transforma en transculturalidad, cuando nos transformamos y podemos sentir del mismo modo”, dice Carlos Irasola en diálogo con Después de la Deriva. Esa forma de construir es una constante de la Cooperativa Surgente. Más de una vez, Carlitos ha dicho: “somos pocos, pero movedizos”, y ese movimiento de sus integrantes puso —y pone— en marcha numerosos procesos en la denominada Línea Sur de Río Negro. Surgente se constituyó como cooperativa en 2007 y tiene su sede central en Ingeniero Jacobacci. “La idea fue conformar un espacio de técnicos, profesionales e idóneos en distintas temáticas para brindar servicios a otros espacios. Desde que comenzamos ya había problemas con el agua en la zona campesina”, cuenta Irasola. Uno de los primeros colectivos con los que trabajaron fue la Cooperativa Ganadera Indígena, un espacio con 53 años de historia, conformado por paisanos y mapuches de todo el territorio, que se organizó “para comercializar mejor sus lanas, sus chivas y comprar conjuntamente lo que necesitan”, recuerda. También acompañaron durante muchos años a la cooperativa de agua. En 2013 formaron parte de un proyecto llamado Climagua —en el que participaban universidades, el Estado y otras organizaciones— para trabajar sobre las cuencas de los ríos Huahuel Niyeo, Limay y Negro. Ya en ese momento advirtieron una disminución del 20% en el caudal respecto de sus niveles históricos. “Nuestra tarea se focalizó en el cañadón del Huahuel Niyeo. Un compañero rediseñó bombas de agua pequeñas que permitían abastecer viviendas y animales, y también instalamos bombas que funcionaban con pequeños paneles solares. Es decir, trabajamos en distintos sistemas de detección, extracción y acopio de agua en la zona”, relata. A partir de esa experiencia, Surgente comenzó a gestar diferentes articulaciones con vecinas, vecinos y organizaciones de Jacobacci. “Lo que detectamos es que estas acciones resolvían problemas puntuales, pero la cuestión estructural no se modificaba: la tendencia era que cada vez hubiera menos agua. Los arroyos permanentes se volvían temporarios; los temporarios se secaban; las aguadas que surgen de las aguas subterráneas mermaban. Entonces empezamos a pensar cómo hacer frente a esto y conocimos experiencias que trabajan con el concepto de cuenca-territorio: no sólo pensar la cuenca hidrológica como el lugar por donde pasa el agua, sino como un territorio donde ocurren actividades humanas, donde hay intereses, conflictos, pueblos, cuencas altas, medias y bajas”, describe Carlos. De esa idea nació otra experiencia: la Unidad de Gestión Integrada del Agua de la Cuenca Huahuel Niyeo, conformada por organismos estatales locales, provinciales y nacionales, universidades, comunidades originarias, vecinas y vecinos, y organizaciones de distinto tipo. Durante dos años el colectivo funcionó: pensaron juntas y juntos, pero la irrupción del proyecto minero Calcatreu, con sus promesas de trabajo y progreso, tensionó ese espacio. La “gestión integrada” de la cuenca comenzó a desintegrarse: algunos dejaron de asistir a las reuniones y otros pasaron a defender la minería. Surgente, sin embargo, sigue. Además de su trabajo con la Red de Alimentos Cooperativos Patagónicos y la tarea que desarrollan en la planta de reutilización de aguas cloacales, brindan talleres y capacitaciones en diversas temáticas: construcción de invernáculos, huerta integral, apicultura, cosmética natural y, en los últimos meses, siembra de agua. “Hoy nos refugiamos en las y los compañeros de base: comunidades, cooperativas, sindicatos como Luz y Fuerza, docentes, la asamblea por el agua y otras y otros compas que están en la lucha antiminera, muralistas… una movida bien de base, bien horizontal”, cuenta. Carlos reflexiona más allá de Surgente: “Nos encontramos en un momento inédito, entonces los modos de construir tienen que ser diversos. Y existen. En esos modos uno encuentra esperanza; eso es importante: encontrar esas militancias que se van poniendo objetivos. Hay que confiar en que el pueblo tiene esa capacidad, que tenemos historia, y que esta es una noche que va a pasar”. Mientras tanto, en Jacobacci, la ausencia de la laguna sigue siendo herida y memoria. Pero también motor. Y en ese trabajo paciente, colectivo e incansable, la Cooperativa Surgente va buscando los modos para que los seres del agua regresen, y con ellos la laguna vuelva a llenarse. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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El movimiento socioambiental y la pregunta acerca de cómo seguir

El 8 de abril, la mayoría de los diputados votaron a favor de la modificación de la ley de glaciares. Así, vaciaron una ley que protegía infinidad de ecosistemas y la principal fuente de agua para un tercio del país. En esa votación, transformaron el inventario de glaciares y ambientes periglaciales del IANIGLA en una lista de opciones para las Corporaciones. Una votación que junto con la del Senado muestra el carácter de máscara de nuestra democracia. ¿Qué hay de real en esta democracia? Una audiencia pública no vinculante y en la que aun así solo se le permitió participar al 0.4% de personas inscriptas. Una audiencia pública que nunca fue concretada proscribiendo a más de 100 mil personas. Información relevante en la materia que nunca fue considerada para la votación. Ocultamiento de información importante en términos ambientales y sanitarios. Lista de legisladores con compromisos directos con las Corporaciones. Estudios de impacto ambiental que jamás han frenado verdaderamente a los proyectos mineros. Falta de balance de los proyectos que ya están en desarrollo en provincias como Jujuy, Salta, Catamarca, San Juan, Santa Cruz, entre otras. Violaciones constitucionales y de los acuerdos internacionales. Todo expuesto a la vista de 46 millones de habitantes de este país. El vaciamiento de la ley de glaciares requiere también un breve contexto nacional e internacional. El gobierno de Javier Milei y sus aliados provinciales han decidido jugar todo a la tríada minería-hidrocarburos-financieras con una serie de modificaciones que lo garanticen: el Régimen de Inversión para las Grandes Empresas (RIGI); los innumerables decretos de necesidad y urgencia, la Ley Bases y el DNU 70/23 que ataron de pies y manos al pueblo; la reforma laboral; la baja en la edad de imputabilidad y la aprobación de la megaminería en Mendoza. Instancias judiciales que continúan presentándose pero que hasta aquí no hay podido poner obstáculos al avasallamiento. Un modelo de depredación corporativa y financiera que no se trata de un escenario únicamente de Argentina, pues podemos reconocer la aceleración de despojos, genocidios y guerras en diferentes territorios en el mundo. Recordemos por ejemplo el papel de la empresa israelí Mekorot justamente en las provincias en las que se expande la megaminería. El cobre que no cesa de aumentar su precio internacional, entre otros asuntos, por los negocios de la inteligencia artificial y las guerras. Todo un mismo plan.    Pero no hubo solo eso, también se dio una enorme respuesta social. Centenas de organizaciones, colectivos, asambleas y habitantes de todo el país crecieron en su organización. Más de 100 mil personas inscriptas en la audiencia pública proscripta. Un cerco mediático vulnerado nacional e internacional. Una información que llegó a instancias mundiales. Una campaña plurinacional que logró interpelar también a las grandes urbes. Una conciencia social y la necesidad de organizarse en comunidad también. Un escenario represivo que continúa intensificándose, con los ejemplos de Buenos Aires y Mendoza como territorios a aleccionar pero que siguen de pie en cada instancia que pretenden instalarse en su territorio. Y aunque Mendoza sea uno de los epicentros de los intereses del poder, por supuesto que no es la única. El escenario también vaticina que es probable que buscarán avanzar en breve sobre Chubut. Y, claro, también intentarán hacer lo propio sobre el resto de las provincias que tengan en sus territorios oro, plata, uranio, tierras raras, litio, cobre y la lista sigue. El vaciamiento de la ley de glaciares golpea en este sentido. Y entonces: ¿Cómo seguimos? Primero lo obvio. Cuando hablamos de agua, de salud, de vida la única opción es continuar. Sin embargo, me detengo un instante: es preciso mirar de frente esta derrota, lo que no significa que en el futuro no se pueda revertir, Derrota y derrotismo son palabras distintas, por suerte tenemos un lenguaje rico. El escenario del día después de la votación llama a lo primero, aunque jamás a bajar los brazos. En qué dirección nos moveremos: urge el trabajo articulado entre diferentes activismos. Resulta preciso caminar junto con laburantes, organismos de derechos humanos, pueblos originarios, jubilados y jubiladas, trabajadores de salud y educación, estudiantes, feminismos. Y se trata de algo más. Arriesgarnos a inventar. Inventar para arriesgarnos. Si necesitamos referencias cuantitativas, ese número de más de 100 mil personas inscriptas en la audiencia pública puede darnos evidencia de que muchas comunidades en todo el país están incorporando como propia la pregunta por el agua, el aire y la tierra. El movimiento socioambiental llegó a esta instancia luego de décadas de caminos diversos y fundamentales. Resulta preciso confiar en el camino recorrido y en los pueblos que habitan cada territorio. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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LUCIÉRNAGA TRAVIESA

Sobre Tendremos suerte si aprendemos (Colección, Historia social de la canción), de Sergio Arboleya. Por Gabriela Stoppelman Una canción de pronto se hace cuerpo. Se tararea sola con una voz impropia, se entrevera en circulaciones, despierta o asoma fuera de hora y altera el ciclo de los amaneceres y las noches. Se encarna como forma de lenguaje respirado en un pulmón colectivo y singular, aunque sin nombre. Misteriosa trenza de sonido, que una vez vira hacia al acorde, otra hacia la palabra y una más hacia el silencio. Ella funda un tiempo que despeina las cronologías, inquieta los calendarios. Mientras agita, une. En lo que discrimina, se expande. En lo que abraza, esconde la profundidad de todo mapa. Y la canción va. Y, en tanta arrancia, sin quererlo y a veces incluso sin saberlo, como Hansel y Gretel, deja una miguita de su paso acá y una allá. Al final, es posible ver un contorno que une puntos de luz, igualito al de las constelaciones. Sucede así, por ejemplo, con “El tiempo está después”, de Fernando Cabrera. Un título, un verso, una advertencia y una promesa. Un sugerir que no termina de definir aquello que insinúa. Una forma gestada en un aliento hacia una zona originaria, que siempre se escurre: “Que no hay ningún rincón/ que no hay ningún atracadero/ que pueda disolver/en su escondite lo que fuimos”. (*) Y hacia ese punto de reunión, hacia ese concentrado de infinito que diseña el círculo desde el título hasta el último verso, prospera el poema y funda territorio. Cualquiera sabe que, si hablamos de territorio, la cartografía no alcanza. Si se trata de habitar, serán precisas otras disciplinas: la cocina, en su arte de milhojas. La alquimia, en su horizonte de transformaciones. La arqueología, en su avanzar en capas. Por eso no llama la atención el recorrido con que arranca Fernando Cabrera, a través del tiempo, una de las voces que, con silueta de entrevista, Sergio Arboleya incluye en este libro coral: “—¿Cómo nació El tiempo está después? —En 1988, viví casi un año y medio en La Paz Bolivia (…)” Y “motivado por la nostalgia”, en un aparente desplazarse entre superficies, Cabrera comienza a calar en profundidades o, tal vez mejor, a escalar alturas.  Del primer estrato en Bolivia, se desplaza hacia el segundo, a la casa de su abuelo paterno en Montevideo, en la calle José Llupes. Allí mismo, por esas cosas que tiene el tiempo de estar tan después, aparece un tercer estrato de pura memoria: “le agregué lo de “raya al medio” porque resulta que antiguamente tenía un cantero, como si fuera un pequeño bulevar que nunca conocí”. Y, como en los malabares de las estaciones siempre hay un antes de antes o una veta detrás de otra, se atreve a un cuarto estrato: “(por ese bulevar) todavía más atrás en el tiempo pasaba un tranvía, y esa calle se encuentra con Belvedere, que es el barrio central de esa zona y también el tren que pasaba”. Y de allí deriva hacia un amor hasta llegar adonde nunca se llega del todo, a esa “contundencia poética”, que asoma y se oculta igual que luciérnaga traviesa. Si lo inabordable de la poesía pudiera entreverse en alguna disciplina, no hay duda que se disputaría entre la geología y la arqueología, porque todo lo que se muestra como plano, por trasparencia o a luz de la noche, termina por revelar su esqueleto de honduras o cimas. Y, en ese revelarse, aunque nunca del todo, no va que la calle Belvedere se hace cuento, porque “siempre hay un eslabón perdido entre la música y la poesía”, dice Arboleya.  O, porque “solo podemos ir hacia lo que fuimos, si nos juntamos, si estamos dispuestos a pensar si somos capaces de pensar con otros. Finalmente, ser libres en el corazón de una comunidad”, agrega Liliana Herrero, en otro eco del libro, con forma de prólogo. Así que esta escritura es una vez más coral porque, si El tiempo está después, el eco, el retumbo, la reverberación y la resonancia serán los encargados de conducir su pulso. CAVAR En su poema “Cavar”, el poeta y Premio Nobel irlandés 1995, Seamus Heaney, dice: “Entre mis dedos índice y pulgar/cargo la pluma, firme como un arma./Entra por la ventana un ruido áspero/–la pala hiende el suelo pedregoso–/y me asomo: mi padre está cavando./Mientras agacha la agobiada espalda/junto a las flores, vuelvo veinte años,/y lo veo inclinarse entre los surcos/de papas, donde él solía cavar.(…)Mi abuelo era capaz de recoger/en un día más turba que cualquiera(…)y sin embargo, yo no tengo pala/para seguir a hombres como ellos. Entre mis dedos índice y pulgar/cargo la pluma. /Voy a cavar con ella.” Así, entre “Destiempos”, Sergio Arboleya se larga, como él mismo dice, a la aventura de escribir. Y no podía ser de otro modo: incluso antes de comenzar, el tiempo estaba después, si es que aceptamos a después no como un adverbio que señala un avance, un triunfo en la línea que fuga siempre hacia adelante, sino como un despiporre en la soberbia de las sucesiones: “una experiencia que le debo no solamente al oficio (…) en la agencia Télam, sino al acertado consejo entre gente querida y cercana que vislumbró este posible hechizo”. Bellas son las profecías que solo se comprenden cuando ya estamos por delante de su enunciado. Estos indicios, esas huellas operan en nuestro deambular por los días como fueguito que reaviva, no la fe, sino la confianza. No llegan con el ropaje de un destino, sino con la fuerza de un encuentro. Así, todos somos desconocidos hasta encontrarnos. O al revés: la potencia de un encuentro muestra que no hay hilos sueltos en la gran trama. A lo sumo estaremos solos, pero nunca separados. A lo sumo desconfiaremos de la experiencia como propiedad, como cosa que se acumula en la biblioteca de los libros ya leídos y garantiza una dudosa certeza al momento de actuar: “ese libro ya lo leí, ya sé qué debo hacer”. Si, en cambio, toda

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