Sexto disco de Julieta Laso, en esta oportunidad con Daniel Melingo como productor, mezclador y motor de casi todo el repertorio. Lo grabaron durante 2025 en La Cocina de Beti, con Juan Ravioli en la grabación y Mauro Taranto en el mastering, y les tomó dos años de trabajo minucioso. Esos años terminaron siendo los últimos que Melingo pasó componiendo y produciendo antes de morir a los 68, después de una enfermedad respiratoria. Fabriquera sale entonces como su última obra terminada, y aunque nadie lo pensó como un homenaje mientras lo grababan, tenemos hoy esta bella obra que da cuenta de su talento y sensibilidad .
El repertorio es variado y poético: «Con toda la mar detrás» de Patxi Andion, que Laso aprendió de chica de su papá, Jorge Laso. Poemas de Julián Centeya, Carlos de la Púa, Dante Linyera y Evaristo Carriego (los clásicos del lunfardo porteño) con música nueva de Melingo, además de una versión de «La Siguiriya» sobre un poema de Federico García Lorca y varias composiciones originales de María Celeste Torre, pareja de Melingo. La banda acompaña con pocos instrumentos pero mucho peso: el propio Melingo en guitarra criolla, guitarra baja, tzouras, piano preparado, piano toy, clarinete, órgano farisea y armónica; Patricio Cotella en contrabajo; Agustín Della Croce en cello; Javier Casalla en violín; Camilo Ferrero en bandoneón; Muhammad Habbibi en trombones y bouzouki. Como invitados aparecen Vicentico, en voz y coro para «Pequeño Paria», y Kubero Díaz, con un solo de guitarra en «Cha Digo».
Laso cuenta que con Melingo buscaron un arreglo despojado para dejarle todo el protagonismo a la voz: pocos instrumentos, arreglos pensados hasta el detalle, sutilezas antes que efectismo. Se nota. Es un disco que suena artesanal, «pintado al óleo» como decía el propio Melingo por el tiempo que les tomó, y en el que la voz áspera y profunda de Laso encuentra matices que hasta a ella misma la sorprenden. Ese decir tanguero, orillero, de arrabal, que la acompaña desde Tango Rante y que profundizó en sus años con la Fernández Fierro, acá aparece filtrado por dos años de escucha compartida con uno de sus maestros.
Fabriquera es una palabra vieja del lunfardo, la que nombraba a las obreras de las fábricas del arrabal porteño. Este disco fue armado con esa misma paciencia de taller, escuchando una y otra vez hasta encontrar el punto exacto. Se nota en cada canción, en cada silencio que deja la voz para que se escuche lo que no se dice. Un trabajo pensado y vuelto a pensar, pero sobre todo sentido. Un disco que da cuenta de una amistad de años entre dos cantores del arrabal.
Ale Simonazzi
Julieta Laso






