La voz de Luli, a capella, abre el disco: «un minuto es suficiente, para contemplar el día.» Apenas unos acordes de guitarra acompañan los versos de «Un minuto» y el tono queda establecido desde ahí — introspectivo, íntimo, sin apuros. Luli Maidana habita la canción, es su territorio, y en Mi jardín azul lo vive a gusto, sabiendo qué quiere de cada una de sus composiciones.
Cantautora nacida en Resistencia, Chaco, Maidana construye un universo donde la música trabaja junto a la imagen, lo escénico y lo visual como partes de un mismo lenguaje. Su primer disco, En un primer lugar (2024), ya mostraba esa vocación de recorrer sonoridades latinoamericanas — bolero, zamba, candombe, festejo — desde una escritura propia, honesta y detallista. Mi jardín azul profundiza ese camino y lo amplía: grabado en Campo Grande, Brasil, con músicos de Argentina, Paraguay y Brasil, bajo la producción de Sandro Moreno, Lean Zarza, Ivo Cassiet y la propia Luli, el disco suma folk contemporáneo y jazz a la paleta sin perder el centro — la canción, siempre la canción.
La instrumentación es diversa y los arreglos son de una exquisitez que se disfruta en cada tema. El bolero aparece con toda su belleza en «El universo de tu amor», donde Luli canta junto al destacado compositor chaqueño Coqui Ortiz. En «Diario de un gorrión», Flor Sandoval suma su voz en un dulce y delicado entrelazado. La arpista paraguaya Carmen Monges y el violinista Matías Romero completan una paleta tímbrica que siempre está al servicio de la canción, nunca por encima. El disco cierra con ¿Qué dice tu corazón? y tiene a Lean Zarza como voz invitada. Un tema que nos acuna y regala una sonrisa.
Mi jardín azul es un disco de susurros poéticos y belleza musical. Una caricia sonora al alma, muy necesaria en estos tiempos.
Ale Simonazzi
Luli Maidana








