Veinticinco años de canciones contra la corriente. Plateada es una celebración que Florencia Ruiz construyó mirándose en un espejo particular: el de Centro, su primer disco. Entrar y salir, darlo vuelta, encontrar a aquella que fue en la que es hoy. La estructura de aquel debut —sus tres líneas instrumentales y temáticas— le dio el andamio; lo que creció encima es otra cosa.
El título condensa todo: el cabello característico, las bodas de plata con la música, el vínculo con el Río de la Plata que su obra lleva en el ADN. Ese río aparece también en los invitados: Hugo Fattoruso abre el disco en «Todo lo que dejamos se vuelve extraño», Leo Maslíah construye junto a ella «El tropiezo» —un bolero breve y cómplice— y Fernando Cabrera aparece casi sobre el final en «Una pared». Tres uruguayos que dialogan desde su propia personalidad con las composiciones de Ruiz. A ellos se suman Quique Sinesi, Liliana Vitale, Mavi Díaz, Caro Cervetto, Ariel Minimal, Elizabeth Ridolfi, Claudio Cardone y Seba Landro.
La guitarra es el centro, probablemente el modo en que estas canciones nacieron antes de vestirse con arreglos e instrumentaciones. Desde ahí, Plateada despliega un mundo íntimo, onírico y sensible que no pide permiso a ninguna etiqueta: hay canción, rock, pop, hay formas que no tienen nombre preciso. Esa diversidad no es ecléctica ni caprichosa; es el mapa de los mundos sonoros que habitan en una compositora que lleva 25 años haciendo exactamente lo que quiere.
Ale Simonazzi
Florencia Ruíz








