Revuelto

Qué estamos esperando para recibir amor

David Lebón y Pedro Aznar abrieron en el Movistar Arena la primera de una serie de presentaciones con la obra de Serú Girán. No fue un homenaje ni un cover: fue la obra misma, recreada con talento, exquisitez y mucho amor.

Por Ale Simonazzi

La cita fue en el Movistar Arena, en el barrio de Villa Crespo. Llegando, abuelos, padres e hijos se daban cita dispuestos a disfrutar de una obra tan potente como bella. La música de Serú Girán tiene esa capacidad rara de atravesar el tiempo sin envejecer, de pertenecer a todos. Eso lo sabíamos. Lo que no sabíamos era cómo iba a sonar con el paso de los años y con la mitad de sus integrantes.

La experiencia de sentir en el cuerpo las melodías Serú era motivo suficiente para estar ahí. Y entonces entraron David y Pedro, uno desde cada lado del escenario, para fundirse en un abrazo. La emoción fue de todos. Ya había lágrimas en algunos de los presentes.

Luego de un largo aplauso de bienvenida, a dos voces y dos guitarras, arrancaron solos con «Parado en el medio de la vida». Fue un golpe a la emoción: ese desnudamiento inicial, sin banda, sin artificio, solo dos músicos y las canciones. La ovación creció cuando irrumpió la grabación del coro de inicio de «La grasa»: Que importan ya tus ideales, que importa tu canción. La grasa de las capitales, cubre tu corazón. Y entonces entró la banda, potente y exquisita, trayendo engañosamente la melodía que enseguida derivó en «Frecuencia Modulada».

Desde ese momento ya supimos que esta noche quedaba guardada en el corazón: los que vieron a Serú Girán en vivo en los 70 y 80, los que tuvimos la posibilidad de verlo en River en el 92, los que nunca vieron a la banda en vivo… todos atravesados por un repertorio de canciones sublimes traídas no como signo de melancolía sino como celebración, agradecimiento y, como bien lo dijo David, un trabajo hecho desde el amor.

El arquitecto silencioso

Si hablamos de amor, es de destacar el de Pedro Aznar por estas músicas, por Charly, David y Oscar. Fue él quien trabajó cada tema para darle un sonido actual sin que perdieran ni un ápice de su esencia e historia. No es fácil pensar a Serú sin García en el escenario. Pero no hubo que pensarlo: Charly estaba ahí. Sonaba en cada acorde, era dicho en cada una de las letras. Tan presente como Moro, que latió en cada golpe de la batería —muy en especial en los dos temas en que Juanito Moro, su hijo, fue invitado al escenario para interpretar «¿Cuánto tiempo más llevará?» y «No llores por mí Argentina».

Además de los arreglos, Aznar convocó a los talentosos músicos que completaron el escenario: los tecladistas Federico Arreysegor y Fermín Ferraris, Matías Sabagh en batería y Fernando Cosenza en guitarras. Una banda que sonó impecable toda la noche. Pedro estuvo atento a todo, principalmente a que David disfrutara el momento. Tocó bajo, contrabajo, guitarras. Cantó bellísimo, su voz intacta. Es todo lo que está bien.

Lebón, por su parte, deleitó con los solos de guitarra característicos de Serú. Con 74 años y mucha emoción, dio todo sin esconder el paso del tiempo; más bien lo contrario, fue genuino y creíble. Dijo en un momento: «Nunca imaginé, a mis 74, estar llenando un estadio… me pasaron muchas cosas, hoy tengo 10 nietos». El estadio lo abrazó en un aplauso interminable.

Foto ALEJANDRO LEIVA / Página12

A los jóvenes de ayer

El repertorio trazó un recorrido por la historia completa de Serú: «Canción de Alicia en el país», «Noche de perros», «Desarma y sangra», «Perro andaluz», «Encuentro con el diablo», «Viernes 3AM», «Esperando nacer», «Cinema verité», «San Francisco y el lobo», «Mientras miro las nuevas olas», «Peperina». Temas inolvidables, parte de nuestro inconsciente colectivo, que dan cuenta del encuentro de cuatro enormes artistas en cuatro años muy particulares de nuestra historia: 1978 a 1982.

A los clásicos se sumaron composiciones del disco Serú ’92, aquella reunión diez años después que llenó dos veces River: «Mundo agradable», «A cada hombre, a cada mujer», «Déjame entrar». Y queríamos que la noche fuera eterna.

Lo mejor no fue solo el repertorio. Sabemos que esas canciones en sí son suficientes, pero Pedro y David fueron más allá, decidieron trabajar cada tema, no contentarse con el homenaje, recrear la obra con talento, amor y exquisitez. No hubo covers, sino canciones reversionadas con la inmensa calidad de todos los que habitaron el escenario, y con una honestidad que no admitía golpes bajos. La emoción acompañó todo el encuentro —los temas elegidos, los arreglos, el compromiso de la banda en cada acorde, las voces de David y Pedro, los coros de todo el público, la proyección de imágenes de Serú: Charly, David, Oscar y un Pedro jovencísimo— pero no fue usada como recurso fácil.

Qué estamos esperando para recibir amor

El Movistar Arena estuvo lleno. Todas las edades, principalmente mayores de cuarenta, todos cantando. El sonido, inmejorable. La noche cerró con «Seminare» cantada por todos. Miré a mi compañera, miré a mis hijos, y agradecí estar ahí.

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