Revuelto

La voz del monte. Una profunda y emotiva celebración de la obra de El Mensú.

Por Ale Simonazzi

Garupá se presentó en La Carbonera, con la sala habitada por la música de Ramón Ayala. Una verdadera fiesta en torno de las canciones de un indispensable de nuestra música popular.

«Cada encuentro con la obra de Ramón es especial, no se trata de un homenaje sino más bien la celebración de su vida», dice Homero Chiavarino, conductor de Chamamé Club en nuestra radio y uno de los integrantes de Garupá. La frase podría ser el epígrafe de todo lo que pasó después.

Ramón Ayala nació en Garupá, Misiones, el 10 de marzo de 1927, y murió en Buenos Aires el 7 de diciembre de 2023, a los 96 años. Fue compositor, poeta, cantor, guitarrista y también pintor: sus dibujos y acuarelas —el mensú hundido en la selva, los rostros curtidos del litoral— caminan al lado de sus más de trescientas canciones con la misma cosmovisión. Creó el gualambao, ritmo de 12×8 nacido de dos polcas encadenadas por una síncopa permanente, hoy patrimonio cultural de Misiones. Vivió buena parte de su vida en San Telmo, a un puñado de cuadras de donde anoche sonaba su obra.

El viaje del Mensú

Garupá es esa celebración: un viaje exquisito por las canciones emblemáticas del Mensú, leídas desde el presente y con la libertad necesaria para reinventarlas. El virtuosismo de cada uno de los tres músicos está puesto al servicio de la creación colectiva, potenciando cada tema al máximo. En «Hacha y Chaco» o en «El Mensú» sentimos la opresión y el dolor del trabajador —el hachero, el cosechero de yerba—, mientras que en «Pan de Agua» y «Canto al Río Uruguay» nos subimos a navegar las aguas del litoral. La música de Ayala, antes de llegar al piano, la guitarra, la percusión o el acordeón, pasa por el cuerpo de Julián Venegas, Homero Chiavarino y Joel Tortul con una vibración tan fuerte que nos conecta a todos.

Hubo lugar para todo el mapa sonoro del Mensú: rasguido doble, chamamé, gualambao, galopa misionera, canción litoraleña y hasta zamba, dando cuenta de la variedad musical y poética que Ayala construyó a lo largo de su vida.

Un gesto que atravesó la noche de punta a punta: Garupá tocó vestido con las camisas coloridas y características que usaba el Mensú, un regalo que había llegado de manos de María Teresa Cuenca, «Teresita», compañera de vida de Ramón y presente en la sala. Verlas puestas sobre los cuerpos de Julián, Homero y Joel fue una forma concreta de sentir a Ayala, no como cita ni como recuerdo, sino como continuidad: la ropa del Mensú, sonando de nuevo en un escenario. También estaba Elba Boffo, viuda de Jaime Torres, y en el final del show fue emocionante verlas fundirse en un saludo — un instante breve que confirmaba lo que ya se sentía en el aire: que esa noche, Ayala no era una ausencia sino una presencia que Garupá sostenía con el cuerpo.

Hubo lugar para una voz invitada, y la convocada fue nada menos que Cecilia Pahl, la cantante misionera que en 2010 le dedicó a Ayala Corochiré, un disco hermoso que recomendamos escuchar y que fue de los primeros en rescatar canciones suyas poco difundidas.

Escuchar a Garupá en La Carbonera sumó, además, la calidez de la propia casa: Alejandra narra con pasión la historia de lo que fue una carbonería construida, según le contaron, en 1810, y cómo se pensó cada intervención al edificio para preservar ese espíritu; Juan Sixto sostiene la programación con la que la música popular independiente encuentra un lugar propio.

Garupá nos regaló una gran noche en la que pudimos latir con cada tema de Ayala, emocionarnos y hasta cantar todos juntos «El Cosechero», para terminar en un abrazo de música, agradeciendo una vez más la obra de El Mensú y la manera en que esa obra sigue vibrando en este maravilloso trío.

Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra.

Suscribite a YouTubehttps://www.youtube.com/@revueltoradio

Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar

Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb

Mandanos un WhatsApphttps://wa.me/541138040150

¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON