Con voz y guitarra, casi en susurro, arranca este regreso de Raly Barrionuevo a su forma más esencial de habitar el arte. Yo vengo irrumpe suave, como declaración de principios y de lugar:
«Yo vengo de la tierra donde un niño,
se hizo río solitario y sin caudal,
invisible va camino del silencio,
y es amigo de la luna y el zorzal.»
Desde ahí, el disco despliega su mapa entre canción, chacarera y zamba, con la paciencia de quien sabe que ciertas obras necesitan su propio tiempo para brotar.
El disco lleva el nombre de un pintor llamado Solgo, que retrataba la realidad con tanta verdad y desinterés que la naturaleza misma se reconocía en su propia obra. Cuando el emperador y los monjes lo convocaron prometiéndole grandes pagos, los rechazó: eligió pintar para los que tenían hambre y frío, saciar y abrigar con su arte, ser parte de su pueblo. Esa historia la narra nada menos que María Teresa Andruetto, entrelazando su voz con el canto de Raly en uno de los momentos más luminosos del álbum. La parábola no necesita traducción.
Raly recorre ese camino como compositor imprescindible de nuestra música: claro, sensible y comprometido, que emociona con su transparencia y su arte genuino. El inquisidor lo dice con la belleza que lo caracteriza:
«Será que viene un tiempo de cantar,
con la vida y la muerte disputándose un lugar,
en la nueva canción de su verdad.
Es que estamos aquí, mirándonos,
tratando de entender y de amar.»
Y hacia el final, Hasta el fin se eleva con la participación del cantautor cubano Silvio Rodríguez, grabado en La Habana:
«El sueño no termina en la mañana,
y ese abrazo se ha quedado en vos y en mí.
Y la lluvia, compañera,
traerá los brotes nuevos hasta el fin.»
El camino de Solgo es también el regreso de Raly a las composiciones inéditas luego de un prolongado proceso de búsqueda personal y artística. El núcleo instrumental y la ingeniería de grabación se construyeron mano a mano con el guitarrista y productor Colo Vasconcellos, trabajando en espejo desde sus estudios en Unquillo y Vaqueros —Córdoba y Salta, dos geografías que resuenan en la materia misma del disco. Quince canciones que no se forzaron, que llegaron cuando estuvieron listas. Una obra necesaria de nuestra música popular.
Ale Simonazzi
Raly Barrionuevo



