Revuelto

En el Oeste está el agite y la resistencia

Gustavo Nasuti Grupo presentó “Siete años”el segundo trabajo con esta formación en Casa Sonora a sala llena, demostrando que se puede resistir con el arte como bandera desde el Conurbano. Por Florencia Meluso – Fotos: Natalia Moriones El multi instrumentista y compositor oriundo de Ituzaingó eligió Casa Sonora, espacio que dirige artísticamente para presentar en sociedad el nuevo disco junto a Waldemar Garín en violín y viola, Mariano Gamba en saxofones, Ramiro Rey en bajo y contrabajo y Gabriel Loto en batería. En la calurosa noche del viernes 5 de diciembre, fuimos partícipes de una comunión. “Común – unión” entre público y artistas. Primera vez de esta cronista en este centro cultural que desde el Oeste ofrece propuestas muy cuidadas y un espacio para talleres durante la semana. Señal de que en el Oeste no sólo está el agite sino que se puede construir trinchera para resistir en tiempos adversos. Ya en modo concierto, Nasuti decidió iniciar con la “Obertura” de Kenny Wheeler, compositor al que dijo admiraba mucho. No será la única referencia durante la noche, ya que las influencias están muy presentes en el repertorio. Ahora si, es tiempo de escuchar “MaMa” el tema que abre Siete años, el disco que estamos celebrando. Le sigue “Danza del agua” y “Los zoquetes de Bates”, también de este último trabajo discográfico. El quinteto suena afiladísimo, la comunicación es la de una familia que hace mucho tiempo conviven y conocen al detalle cada gesto. Es entonces que Gustavo presenta un tema nuevo, aún inédito y con un nombre provisorio: “Color” en formato trío con el contrabajo de Ramiro Rey y la batería de Gabriel Loto. Los climas van mutando y las formaciones también: “Huellita de Charbo” con Nasuti en guitarra a dúo junto al saxo soprano de Mariano Gamba (con quien también comparte otro proyecto). Otro dúo, para “Corazón del tiempo” junto a la viola de Waldemar Garín y Nasuti esta vez en el piano. En el medio, suenan las únicas dos canciones del repertorio y de Siete años: “Gurisito” de Daniel Viglietti y “El loco Antonio” de Alfredo Zitarrosa. Si el inglés Kenny Wheeler es alguien admirado, estos grandes referentes uruguayos son de los más queridos y venerados por estas tierras. El no-tango “Abuelo Osvaldo” está dedicado a su abuelo simbólico Don Osvaldo Pugliese. La historia viene de su padre, quien tenía un amor especial por el tango, y en particular por Pugliese. Pero la elección musical de Nasuti fue más por el lado de Hermeto Pascoal y Egberto Gismonti. Así las cosas, qué mejor que un revuelto de influencias para homenajear a un grande de nuestra música popular. “Décimas”, incluido en Todos los tiempos ahora (2015) se transforma en casi una despedida. Es importante destacar que durante el concierto, no faltaron las anécdotas, la emoción, algunos chistes, los agradecimientos y los aplausos, por supuesto. El cierre es con “Encuentro” también de Siete años. Justo ese nombre, esa palabra, esa necesidad que tenemos en este contexto y que en Casa Sonora es posible con propuestas como la del Gustavo Nasuti Grupo. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Brian Chambouleyron. Juglar de océanos, tangos y desvíos

En la Charla Revuelta nos damos el gusto de recibir a Brian Chambouleyron, juglar nacido en París e hijo de argentinos, que hace años cruza océanos con una criolla y un bolsito lleno de canciones. Lo conocimos en los ’90 como parte de la nueva camada del tango, con Glorias Porteñas y Patio de Tango, y después lo vimos mezclar corridos, boleros, chanson francesa y lo que venga en un mismo abrazo. Ahora llega con Chamboulé, proyecto parido en París y hecho de ritmos en sacudón, lenguas romances e historias de amor y desvío, siempre atravesadas por su gestualidad tanguera. Presenta Chamboulé los viernes 16 y 23 de enero a las 20:30 en Hasta Trilce (Maza 177, Almagro), acompañado por Mono Hurtado en contrabajo, Inti Sabev en vientos y, el 23, Gabriel Spiller sumándose en batería. 🗓 Revuelto Gramajo — miércoles 20:00h ARGTodos los contenidos los encontrás en www.revueltoradio.com.ar Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Trigémino. Corre hacia tu vida entre dos siglos

La histórica banda de rock progresivo publica Corre hacia tu vida, un nuevo álbum conceptual que cuenta en canciones el recorrido de una generación con “media vida en el siglo XX y media en el XXI”, como dice Juan “Pollo” Raffo. El disco sale en CD a través del sello Viajero Inmóvil, estará disponible en plataformas vía la Agregadora de Música Argentina (AMA), y se presenta el sábado 20 de diciembre en Cuerda Mecánica. Por Ale Simonazzi “Corre hacia tu vida es el nombre del tema, pero también el nombre del nuevo trabajo de Trigémino”, cuenta Juan “Pollo” Raffo en la charla con Revuelto. El álbum llega después de décadas de historia: aquellos primeros conciertos entre 1976 y 1981, en plena dictadura, cuando el grupo se movía por colegios, teatros y salas del oeste bonaerense, sin lograr en aquel momento registrar su música en un disco. “El primer concierto fue el 7 de mayo del 76… el año que viene se van a cumplir 50 años”, recuerda, todavía sorprendido de cuánto tiempo pasó desde ese debut adolescente. Hoy Trigémino vuelve con un sonido maduro y una formación de lujo: Juan “Pollo” Raffo en teclados y voces, Jorge Minissale en guitarras y voces, Fernando Samalea en batería y percusión, Lalo Calello en bajo y Héctor “Cote” Conrado en voces. El nuevo álbum, que se edita en CD el 19 de diciembre vía Viajero Inmóvil y llegará también a plataformas a través de AMA, propone una secuencia de ocho temas donde se alternan secciones cantadas y desarrollos instrumentales largos, fieles al ADN progresivo del grupo. Raffo lo explica con claridad: “Una de las cosas que son bastante características es la igualdad de peso entre las secciones cantadas y las secciones instrumentales. Las partes instrumentales no son decoraciones ni interludios para descansar: tienen un peso narrativo a la par de las secciones cantadas”. Esa decisión estética sostiene el carácter conceptual del disco: música y palabra tiran para el mismo lado, cada arreglo empuja la historia un poco más adelante. Esa historia es la de una generación que atravesó dictadura, 2001, medios hegemónicos y cambios de época. “Hay una secuencia en este disco que tiene que ver con episodios que de alguna manera nuestra generación ha vivido. Es como si le pasaran a un personaje que nunca se nombra, que podría ser cualquiera de nosotros, los que tenemos media vida en el siglo XX y media en el XXI”, dice el Pollo. Desde esa mirada, los temas abordan la música como rito de pasaje adolescente (Corre hacia tu vida), el horror del terrorismo de Estado (El cuarto gol), la primavera democrática (Cosecha), las ausencias (Luz ausente), los estallidos sociales (Suma cero), la desinformación mediática (El mensajero del atardecer), la violencia del “todos contra todos” (Tu pesadilla gira) y una despedida serena en La espectral confesión. En la charla, Raffo se detiene en algunos ejemplos. Sobre El cuarto gol cuenta: “Es una canción muy cortita en la cual un conscripto está haciendo guardia en un hangar de la Aviación Naval y lo relevan para que no vea cómo embarcan un vuelo. Es una historia que a mí no me pasó, pero me pudo haber pasado, porque yo estaba en ese tiempo y en ese lugar”. En pocas líneas se condensa el clima de terror de los años más oscuros de nuestra historia. Corre hacia tu vida, el tema que abre el álbum y le da título, también trae un guiño a la educación sentimental rockera de la banda: “En esa letra el estribillo son frases sueltas; cada una de esas frases se puede ubicar, rastrear en canciones de rock argentino que nos formaron. Está muy bien: estamos hechos de esas canciones”, dice el Pollo, con gratitud y sin nostalgia melancólica. Hay, además, una reflexión sobre la propia identidad musical de esta “nueva etapa” de Trigémino. Después de la reunión que dio lugar a Trampas para engañar –el disco donde regrabaron material de los 70 buscando ser “muy fieles a ese pibe de 17 años”–, el grupo se lanzó a componer música nueva en colaboración. “Se genera un ente aparte en estas composiciones. No está tan presente de forma obvia lo que hemos hecho cada uno por separado. Vuelve el grupo”, explica Raffo. Dentro de ese universo aparece El mensajero del atardecer, el tema cuyo video acaba de estrenarse y que compartimos en esta nota. El Pollo lo define sin vueltas: “El mensajero del atardecer es el fulano del noticiero. Es el tipo que viene a desmoralizarte y a desinformarte: el del noticiero de la tele, el de la tarde, o el del scroll en el celular”. Una figura reconocible para cualquiera que haya enfrentado la catarata diaria de titulares, zócalos y clips que moldean la percepción de lo real. El lanzamiento de Corre hacia tu vida se celebrará el sábado 20 de diciembre a las 20:30 en Cuerda Mecánica (Juramento 4686, CABA). No será un recital eléctrico, sino un encuentro cercano. “Vamos a estar ejecutando piano acústico, guitarras acústicas, percusión y voces; una versión informal y cercana, en un lugar hermoso que es Cuerda Mecánica”, adelanta Raffo. Y agrega una idea que nos encanta: “Estamos viendo la posibilidad de hacer una apuesta tipo living, con el público junto con nosotros, como si el escenario fuera una sala compartida”. En Revuelto Radio podés ver la entrevista completa con Juan “Pollo” Raffo, una buena oportunidad para reencontrarse con Trigémino, esa banda que nació en tiempos difíciles y que hoy vuelve a sonar fuerte para contar, a su modo, esta vida entre dos siglos. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Lucas Heredia. 15 años de discos, canciones, viajes y amigos en el camino. 

El cantautor cordobés, radicado en Buenos Aires hace ya dos años, dice que lo han recibido con mucha generosidad sus pares porteños. Es por eso que decidió iniciar los festejos con dos conciertos: el primero en CABA el sábado 29 de noviembre pasado en el Cultural Thames y el segundo el viernes 5 de diciembre en su Córdoba natal en el Centro Cultural Platz. En ambos casos muy bien acompañado por referentes de sendas escenas. Por Florencia Meluso – Fotos Oner Raw @oner.raw   En el caso de CABA, al llegar al Thames sabíamos que iba a ser una noche de reencuentro con amigos, tanto arriba como abajo del escenario. La música y la poesía inundaron el lugar. Hubo momentos para emocionarse, para cantar con la garganta a tope, para los silencios, la ternura, las risas y los abrazos.  Al frente de La Sin Fín, arrancó el set con “Inundación” e “Instante de claridad” dos temas de su último disco Un temblor ahora en formato banda. Ya entonces el clima era de fiesta, cuando Lucas invitó a subir a Rodrigo Carazo y a Luna Sujatovich para deleitarnos con “Corazón”, también de Un temblor. A lo largo del repertorio, cada canción propuso un viaje, hacia adentro y en comunidad. Por eso nada más lindo que dejarse llevar, dejando de lado las pantallas y disfrutar el aquí y ahora sin distracciones.  Algunas canciones más en formato banda, entre las que estuvo “Te llaman” dedicada a su madre en ese momento de partida a la distancia que nos hizo lagrimear. Es ahí que Carazo y Sujatovich regresan pero ahora por separado para hacer “Adentro hay un jardín” y “Onironauta” respectivamente. La primera, que da nombre al disco debut de 2010, contó con una curiosa anécdota de Rodrigo sobre cómo se habían conocido y la mutua admiración que se tienen. La segunda que cierra esa misma placa contó con la potente voz de Luna para meterle mucho groove. Es el momento de Aranzazu Vigorena para hacer a dúo “Un jardín”. Ese jardín de abrazos que bien podría ser el de la tapa de Un temblor. Si con esto no fue suficiente emoción y ternura, llega Flor Ruiz para compartir “Niño nube”, dedicada a su hijo Mateo, del disco Los nacimientos.  Al dirigirse al público, Lucas volvió una y otra vez sobre la importancia que tuvo para él que lo hayan hecho sentir como en casa desde que llegó a Buenos Aires. Flor Ruiz, Luna Sujatovich, y ahora Inbal Comedi son parte de esa tribu porteña elegida. Inbal entonces canta “Aire” y “Viento a favor“ maravillosamente junto a Heredia.  Y hablando de influencias, un faro para él fue Lucio Mantel, quien se sumó en “Vidala del árbol”. La conexión fue absoluta. Música de raíz folklórica con la delicadeza sonora de dos voces que se funden en una sola. A esta altura, ya sabemos que va a ser muy difícil resumir 15 años de discografía en dos horas de concierto con tantos invitados. Llegan “Telar” con Diego Marchionatti y “Raíz” con Jero Verdún sumando sus colores a estas obras.  Ahora a Lucas le brillan los ojos porque está presentando al próximo invitado “la voz más importante en MI vida”: Mateo Heredia. Con tan solo 7 años, Mateo interpreta a la perfección “Mariposa Technicolor” (Fito Páez) con una soltura que nos deja boquiabiertos.  Sigue una canción propia y ahí nomás La Sinfín nos asombra con una versión rockera de “¡Ah!…Basta de pensar», justamente del disco más acústico de Luis Alberto Spinetta.  Y si hablamos de rockearla, es acá donde se suma Andrea Juárez en el bajo para una versión bien arriba de “Corre” un tema que lo viene acompañando hace tiempo. Cierre con “Deudas del alma” del álbum Luz de cerca. “Yo quiero darle luz con mi voz, para así poder curar las deudas de mi alma” canta Lucas en este temazo.  Un viaje a la medida del inmenso artista que conmueve no sólo con su voz, sino con su decir, con su forma de hacer tribu donde quiera que vaya y con la belleza y la sensibilidad en cada palabra que sale de su boca.  El bis es con todos en el Thames coreando y palmeando “La casa de al lado” de Fernando Cabrera. “Aquí no hay tango, no hay tongo ni engaño”. Es Lucas Heredia y su magia sin fin.   Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Club Social Cambalache.Cuatro años de patio encendido en la Casona de los Ezeyza.

Patio lleno, lluvia cómplice y ronda de abrazos: en la Casona de los Ezeiza (Defensa 1179), el Club Social Cambalache celebró 4 años —y el cumpleaños de Bárbara Grabinski— con una noche de tango, diversidad y comunidad. Historia y vanguardia en convivencia: Amelita Baltar, Cucuza Castiello y una fila de cantoras y músicxs que hicieron del festejo un hogar. Por Ale Simonazzi Noche de sábado en San Telmo. La tormenta anunciada decidió postergar su llegada y el patio de Cambalache se llenó de amigas/os, música y abrazos. Había doble motivo: el 4º cumpleaños del espacio y “treinta y tantos” de Bárbara Grabinski, cantora y una de sus impulsoras. Fue de esas veladas que explican de qué se trata este lugar: tango como eje y, a su alrededor, diversidad y resistencia; historia y vanguardia conviviendo al ritmo de las voces. Mientras se armaba la primera ronda, valía recordar dónde estábamos: Defensa 1179, adentro de la Casa de los Ezeiza —construida hacia 1876, caserón italianizante que, tras la fiebre amarilla, pasó de vivienda aristocrática a conventillo y hoy es galería de día y refugio artístico de noche. Un dispositivo perfecto para que la memoria no sea museo sino calor de mesa. Cambalache nació hace cuatro años como club social que ofrece una propuesta que cruza tango, fado, folklore y ritmos latinoamericanos. La promesa: shows íntimos, techos altos, pisos dameros y una atención que cuida la escucha mientras la cocina acompaña. Lo que empezó como un sueño post-pandemia, pronto se volvió espacio de resistencia cultural en el Casco Histórico de la ciudad. El cumpleaños de este sábado fue una muestra viva de lo que Cambalache entiende por cultura. Amelita Baltar —símbolo de nuestra música— cantó y recibió los más calidos aplausos; hace tiempo eligió este escenario para seguir, a sus 85, respirando tango. Entre lxs músicos que acompañaron estuvieron Vero Bellini en piano y en guitarras Alejandro Bordas y Felipe Traine. La sucesión de cantoras hizo lo suyo: Karina Beorlegui, Lucrecia Merico, Mica Sancho, Florencia García Casabal, Flor Cozzani y la propia Grabinski, por nombrar algunas, fueron dando la textura de una escena que se reconoce. El coro de patio —ese que Cambalache sabe invocar— puso el resto. Entre canción y canción, el lugar contaba su biografía secreta. El caserón de los Ezeiza, a media cuadra de Plaza Dorrego, fue hogar patricio, luego conventillo tras la epidemia, y desde 1980 funciona como pasaje comercial de día. De noche, cuando cae el sol, se abre el club: luces cálidas, mesas, una tarima mínima y la cercanía que pide el tango para volverse conversación. Esa doble vida —galería y club— es la clave del encanto. No faltó la escena ritual: torta al centro, la Polaca llamando al equipo completo para agradecer —los trabajadores que hacen posible el espacio—, y el aviso de “últimos temas” que, en Cambalache, nunca es final: es puerta que se entreabre. Allí apareció Cucuza Castiello para el cierre: gran referente de nuestra música popular con ancla en el tango, tipo generoso que sabe abrir rutas a otras voces —fue y es faro para Grabinski— es barrio, generador de encuentro y buena gente. Apenas se dijo “gracias”, empezó la recalada. Fueron cayendo quienes terminaban funciones por el barrio y no querían perderse la fiesta: Lidia Borda, Dani Godfrid, Juli Laso, Tripa Bonfiglio, Lucio Mantel… y la noche cambió de forma. Guitarras, bandoneón, piano, voces que se reconocen, patio en ronda. Si la historia de la casa explica la arquitectura, la historia del club explica el clima. No es un “bar de tango” más: es club social en el sentido más noble, mezcla de vecindad y programación. La agenda tiene un pie fuerte en tango canción —maestras/os, repertorio nuevo y standards reencendidos— y otro que abre a orillas cercanas: litoral, andes, fado. La idea es convidar sin solemnidad: que una pareja pueda venir a cenar, que un grupo de amigxs venga a escuchar, que se pueda brindar y respetar el silencio cuando se canta. La tormenta, finalmente, llegó con ganas —más de lo esperado— se sumó a la música: voces e instrumentos se entremezclaban con la lluvia, y la postal fue inmejorable. Afuera, Defensa era una película en blanco y negro de charcos. Plaza Dorrego dormía a media cuadra y, mientras nos alejábamos, quedó ese rumor de patio que siempre vuelve. Si alguien pregunta qué es el Club Social Cambalache, alcanza con esta síntesis: una casa histórica que de día es pasaje y de noche ronda de canciones, un patio donde la memoria trabaja y la escena independiente encuentra techo, y un equipo que prueba —fecha tras fecha— que celebrar también es sostener. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Ezequiel Borra. Veinte años de El placard.

En Cultural Thames, Palermo, Ezequiel Borra celebró los 20 años de la edición de El placard (2005) con un concierto que empezó mínimo —sentado, guitarra en mano— y fue creciendo de a capas hasta volverse una pequeña fiesta de canciones, memoria y presente. Por Ale Simonazzi Para quien lo ubica de nombre y no de obra, vale el trazo básico: compositor, multiinstrumentista y productor, nacido en 1981, criador de canciones que rehúyen la etiqueta, con un pie en la tradición rioplatense y otro en la experimentación, el humor y la psicodelia; un artista que empezó a estudiar música a los nueve años y que, a esta altura, sostiene seis discos de canciones propias más proyectos paralelos y cruces con nombres centrales de la escena independiente. Lo suyo es libertad sonora con arreglo fino, más curiosidad que molde, más método que pose. La noche en Cultural Thames abrió con “canciones puras” del disco El Placard con voz y guitarra al frente. Enseguida se asomaron las visitas y la paleta tímbrica se ensanchó: Mariano Massolo en armónica para “Los sonámbulos”, pieza a la que aportó en la grabación original; Martín “Gnomo” Reznik y Lisandro Skar en voces que suman textura; y un trío que alternó colores según pedía cada tema: Leila Chab (clarón), Juan Kiss (clarinete) y Andrés Villaveirán en teclas—que fueron piano, batería o bajo, lo que hiciera falta—. No hubo estridencias sino arreglos cuidados y esa respiración de sala que permite que los silencios también digan. Borra eligió una dramaturgia simple y efectiva: viajar de 2005 hacia adelante, detenerse en 2015 para visitar Lo peor —etapa donde confirma su gusto por la forma breve, el guiño literario, el humor que no liquida la emoción— y volver al hoy. Ese hoy también es un archivo vivo que cada tanto abre otras ventanas: hace unos años propuso en el CCK un homenaje a Facundo Cabral titulado “Vuele bajo”, mitad charla, mitad concierto, otra pista de cómo dialoga con la tradición sin volverse museo. “Cabral fue un hermano mayor que nunca tuve”, dijo entonces, y ese gesto de hablar claro sin grandilocuencia también aparece en su cancionero. El recorrido nos llevó hasta temas como “Lo peor”, “Ese que se yo” y “Semilla”, temas que el público guarda como pequeñas reliquias personales. La banda sonó compacta y lúdica; él, agradecido de volver a tocar en grupo “después de mucho tiempo”. La sensación era parecida a estar en una cocina grande donde se van sirviendo por tandas piezas cortas, precisas, sabrosas: terminaba una, quedaba el gusto, entraba otra, y así hasta el final.. Entre canción y canción, el concierto dejaba algo más que el repertorio: dejaba una idea de método. El placard —título que recuerda aquellas tomas caseras, literales, “dentro del placard”, y una ética de producción artesanal que marcó a una camada post-2001— no es un fetiche del pasado; es un punto de partida para entender por qué Borra se volvió referente de una generación que tomó elementos de la tradición y les sumó una impronta personal, fresca, independiente. Allí están, en su recorrido, los cruces con otras y otros, el trabajo de producción para colegas, y una discografía que incluye el doble Las cosas del mundo / De todos los días (2009), el EP ¿Usted está aquí? vol. 1 (2013), Lo peor (vol. 2) (2015) y materiales más recientes como Tremendo el sol, La Cantimplora o Double Rainbow, siempre con esa mezcla de juego tímbrico, canción y pequeños desvíos que en vivo encuentran nuevo lugar. Lo que hizo de esta celebración algo lejano a un homenaje fue el tono: cercano, sin solemnidad. Borra conversa, se permite la anécdota, agradece, afirma su alegría de sonar con otros y, sobre todo, dejar que las canciones respiren. El público acompaña “chiquito”, como si la amplificación mínima borrara la línea entre escenario y sala. En “Semilla” algunos bailan, muchos cantan. Cuando baja la última nota, la imagen que queda no es la de un aniversario clausurado sino la de un presente extendido: El placard sigue abierto porque esas canciones siguen encontrando cuerpo hoy. Es, quizá, la mejor noticia para quienes creemos en esta música popular independiente: no importa cuántos años cumplan los discos cuando el vivo los vuelve a estrenar. Salimos a la vereda con esa certeza. Lo que propuso Ezequiel Borra no fue un repaso de vitrina: fue una noche de canciones que todavía trabajan. Y ahí están —como hace veinte años y como mañana—, disponibles para quien quiera abrir la puerta y escuchar. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Puesta en origen

Sobre “Argentanos”:  Saxofón soprano: Silvio Zalambani; saxofón alto: Fernando Lerman; saxofón tenor:  Giovanni Balistreri; saxofón barítono: Jorge Retamoza Por Gabriela Stoppelman – El Anartista Hay un preámbulo que murmura entre voces, empanadas y copas. Allí enfrente, cuatro saxos repasan las partituras dispuestas en los atriles a la espera de los músicos. Cada uno lee sus líneas y sabe que el todo será mucho más que la suma de las partes.  El metal repasa, anticipa y tararea lo inminente. Nadie sabe exactamente qué le dice un saxo a otro en el simulado silencio de la espera. Es evidente que las boquillas cuchichean, las llaves precalientan sobre los orificios del tubo, las columnas de aire vibrante se aprontan a recibir eso tan raro y tan esencial, llamado música. Habrá otros sitios en el universo con atmósferas propensas, por ahora es este el único del que tengamos noticias. Por eso la música es un signo distintivo de lo terrestre, del ritmo con que con la existencia se da en lo humano. Puede que los instrumentos conversen sobre ese asunto, pero no es seguro. Después de un rato, hay una agitación en el fondo. Los músicos se acercan. Los saxos, los atriles y las partituras lo advierten y callan al instante. Se disponen a formar cuerpo con esas siluetas que les son tan familiares. Por un recorte de tiempo, el pulso del metal y el de la sangre formarán un solo organismo. Un territorio es un ritmo, no simplemente un lugar. Un modo de habitar, de contemplar, escuchar y pensar sin reducirse a definiciones. Una forma en que la poesía se hace presente en la perseverancia de cualquier lenguaje. Sé poco y nada de música. Disfruto desde el lugar de la oyente que sale de su casa en busca de encantamientos. De quien acepta la invitación a abandonar las repeticiones y las responsabilidades y entrar en puntas de pie en aquello que se presenta siempre otro, refrescante, vitalizador. O sucede o no sucede. Y esta vez, sí.  Pero eso se los cuento después. Esta vez, quizás sin previo acuerdo, los cuatro traen memorias de lugares, barrios, bares, paisajes. Territorios que hacen eco entre Italia y Argentina. Escenografías que huellan el tiempo y se llevan en el equipaje de ida y de vuelta. Escuchas atesoradas, versiones, refundaciones, ecos de aquello que no se puede ni se quiere olvidar. Despotrican sin resentimiento, menos como lamento que como afirmación de la vida las Quejas de bandoneón, de Juan de Dios Filiberto, con arreglos de Fernando Lerman.  No hay bandoneón entre los músicos, sin embargo, allí se presenta. No hay gemido ni sollozo en la queja. Lo sigue De algún modo, de Jorge Retamoza. Ya dije que mi fuerte no es la música, así que impactada por el sonido y el tamaño del instrumento, le pregunté a mi amigo Martín, que es músico y por suerte me acompañaba, ¿qué es eso? Es el barítono, me contestó, lo cual no ayudó demasiado. Luego, amplió, ya con dibujito, en un intento de rápido desasnamiento. Llegó entonces La Paternal, Cuarteto de los tres barrios, de Fernando Lerman, quien permaneció unos minutos dentro de un interesante relato acerca de lo particular que resulta vivir en una encrucijada, como les ocurre a todos quienes habitan en esas zonas donde un barrio da origen a otro, sin fronteras definidas. La imagen era bonita. Algo de eso ocurría entre los cuatro saxos: una complicidad musical, de intérpretes que han trabajado amorosamente en las composiciones propias y ajenas, fundaba una continuidad donde las singularidades, sin perderse, componían una instancia mayor, sin límites. Una experiencia bien parecida al sueño de una comunidad. Llegó entonces La Paternal, Cuarteto de los tres barrios, de Fernando Lerman, quien permaneció unos minutos dentro de un interesante relato acerca de lo particular que resulta vivir en una encrucijada, como les ocurre a todos quienes habitan en esas zonas donde un barrio da origen a otro, sin fronteras definidas. La imagen era bonita. Algo de eso ocurría entre los cuatro saxos: una complicidad musical, de intérpretes que han trabajado amorosamente en las composiciones propias y ajenas, fundaba una continuidad donde las singularidades, sin perderse, componían una instancia mayor, sin límites. Una experiencia bien parecida al sueño de una comunidad. Llegó entonces Candonga agridulce Nro 1, un cuarteto de saxofones, de Fernando Lerman, quien destacó los créditos del neologismo “candonga”, que corresponden al famoso compositor Mastropiero de Les Luthiers. El hombre buscaba homenajear al ritmo ajetreado de la ciudad con una milonga y le salió un candombe. Así que terminó por titular su composición la Candonga de los colectiveros. Esta otra candonga era tan bella y pura como solo pueden serlo las cosas impuras: las mezclas, los híbridos. Así son los barrios que se intersectan, los hombres que resultan uno con sus instrumentos, los instrumentos que se hacen uno con la música. O lo agridulce. Y, a esta altura, casi que no podía fallar, tantas referencias a sitios gestantes, que ya el concierto parecía un viaje. Ahí fue cuando nos fuimos a Catamarca, de Eduardo Arolas, en versión de Jorge Retamoza. Y estábamos en ese momento donde hacía rato la cosa había empezado, y ya habíamos logrado sumergirnos y no queríamos llegar a ningún destino. Pero en ese preciso instante anunciaron que se acercaba el final. Aunque sería un final largo, de cuatro estaciones. Una suite porteña, de Silvio Zalambani, que comenzó con Milonga que fue, siguió con Al club del vino, Nostalgia del presente hasta llegar a Buenos Aires e ritorno. Volvíamos así a casa, de donde aparentemente nunca nos habíamos ido. Tal vez por eso en los bises, Lerman anunció que “terminamos como comenzamos”. Algo semejante a venir del futuro, o avanzar hacia el origen. De cualquier modo, el territorio había sido fundado. Los saxos, las partituras y los atriles comentaban lo felices y satisfechos que se sentían. O eso imagino. Aunque nadie sepa bien qué le dice un saxo a otro, es seguro que conversan. Sin embargo, el viaje no terminó. Continúa en estas líneas que intentan agradecer esta “puesta en origen”, afirmar complacida

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Ambulantes en Chacarita: pregones que abrigan

En Dumont 4040, Julián Venegas y José Santucho presentaron Módico y de calidad: puesta mínima (voces y guitarras, poca amplificación) para un trabajo enorme de arreglos, timbres y ritmos —milonga, litoral, pregón y más—, con invitadxs y coro de mesa larga que volvió la sala una vereda en fiesta. Por Ale Simonazzi No sabía que estacionar en Chacarita un jueves podía ser una odisea. Por suerte salí con tiempo desde el oeste del GBA y llegué a Dumont 4040, bello espacio con programación muy cuidada. Ambulantes —Julián Venegas y José Santucho— volvió a Buenos Aires con Módico y de calidad, un segundo disco que camina oficios y geografías, y que según la edad del que escucha te devuelve escenas perdidas: el escobero que pasa temprano, el cartero amigo del barrio, la corneta del churrero doblando la esquina. El concierto arrancó con un gesto de comunidad: un audio de Coqui Ortiz cantándoles a estos ambulantes de guitarra y garganta. Terminado el saludo del chaqueño, el dúo subió con los acordes de “Durazno a cuarenta el ciento” (Celedonio E. Flores / José Razzano): milonga de comienzos del XX a la que Ambulantes le arrimó un aire de Cuba. De ahí a “Cocacolero” (de Santucho), tema que nace de esa foto del Estadio Azteca donde Maradona hizo historia. Cuenta Víctor Hugo Morales que cuando le mostraron a Diego la foto remarcó que el mundo vió ese gol menos el vendedor de gaseosas que estaba de espaldas: “Tiembla el partido / la hinchada ya se estira como falda / vos te perdés los goles por la espalda / y ganás carraspera en el rugido”. Ahí sentimos de qué va Módico y de calidad: cronicar lo cotidiano con ternura y pulso. Cuentan que van a tocar el disco completo y con invitadxs. Así es que “Escobero” llega con Nico Arroyo en percusión, después Flor Giammarche se suma para “El vendedor de yuyos” en una interpretación profunda, vals lento que mece la sala y nos lleva lejos de la ciudad: la canasta, las hojas y sus aromas, el remedio que pasa de mano en mano. Con Homero Chiavarino en acordeón la noche se volvió Rosario por un rato: el Paraná, las mesas bajo la arboleda, el humo del carrito que, como dice la letra, “devuelve el alma al cuerpo”. El recorrido del álbum cerró con “El cartero”, al que Miguel Vilca le sumó el charango: la imagen de quien busca palabras de aliento y abrazo en un buzón que está vacío. Con ganas de más, llegan temas del primer disco: “Ambulantes”, “Chatarriero”, “La Florista”. El coro general acompañó cada estribillo, todos cantando “chiquito”, como si escenario y sala fueran la misma mesa larga. En “Pregón del heladero” invitaron a Mauro Ciavattini en saxo y Venegas tomó la kalimba para que todos terminemos en el pregón popular “¡heladoooo, hay palito, bombón, helado!” que nos lleva a veranos de infancia. Para el cierre, “Recolector” —homenaje a esos atletas del asfalto— con Nico Arroyo en percusión y Ciavattini en clarón; y todavía hubo lugar para “El churrero” a dúo, como quien apaga las luces de a poco, después de encendernos el alma. Módico y de calidad trenza milonga, litoral, marcha, pregón, cueca y las mezcla con instrumentos huéspedes (guitarrón, cuatro, tres). El corazón del proyecto es reconocer a las personas detrás de los oficios; resignificar la palabra “ambulante” como dignidad en movimiento. No hay museo ni postal: hay canciones de manufactura que entran en la memoria popular por derecho propio. También hay poética de objetos —la cosa, el oficio, la persona—: la escoba y los trapos de piso que nombran al escobero, la carta que justifica el paso del cartero, la corneta que hace barrio. Por eso Ambulantes imprime cancioneros y acerca sus músicas a escuelas, bibliotecas, sobremesas: para que se canten, que se toquen, que se hereden. Para que vuelvan de donde vinieron, como dijo José Santucho. Y por eso el título: módico en recursos, de calidad en humanidad. Un modo de producción artística que es al mismo tiempo mirada política: cuidar lo común, dar lugar a quienes sostienen la ciudad con trabajos que casi no miramos. Volví de Chacarita sabiendo algo que conviene no olvidar: la música también es trabajo (muchas veces compartiendo el espacio ambulante). Este dúo arma su puesto con pregones afinados y nos entrega una feria de historias. El disco es la foto que en los conciertos es mercado vivo: voces, cuerdas, risas, recuerdos, aplausos… y en esas feria musiquera encontramos lo que andábamos buscando sin saber. Ambulantes honra a lxs laburantes de la calle con canciones necesarias; nosotros —agradecidos— nos volvemos a casa un poco más atentos, un poco más juntos. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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Camila Campodónico despide el 2025 adelantando su segundo ep

Compositora, cantante, guitarrista, docente y actriz, Camila Campodónico concretará el próximo sábado 8 la despedida del año en su faceta solista cuando desde las 21 se presente en la Sala 73 del barrio porteño de Flores. Por Sergio Arboleya La artista aprovechará la presentación en el espacio sito en Bonorino 274 para adelantar el repertorio de “Brota la música”, su segundo ep a lanzarse durante el verano 2026, que registró junto a Juan Manuel Colombo (también productor de este próximo trabajo), Pedro Bragán, Agustín Lumerman y Mariano Ferreyra, el cuarteto que conforma su banda estable y con el que también puso a sonar su primer material “Santa rutina” (2021). “La idea del nuevo disco parte de la certeza de que para mí y ante diferentes situaciones de la vida y hasta diferentes aristas de la propia personalidad, la música me brota desde distintos lugares”, avisa Campodónico sobre el ep grabado en estudio Prisma con Emilio Nicoli como técnico de grabación y producción ejecutiva de Majo Colonna. Desde esa percepción creativa, la intérprete añade que “me gusta pensar en las canciones como en semillitas de experiencias que van quedando y, en un momento, esa experiencia hace su camino, decanta y aparece en forma de canción. Por lo menos ese viene siendo mi proceso con las canciones y mi manera de componer”. “Parto”, “Viento”, “Evaporar” y “Brota la música” forman parte de la continuidad del proyecto en solitario de quien, además, lleva dos décadas como una de las fundadoras y parte del grupo humorístico-musical Ciertas Petunias, coordina el conjunto vocal Cantaratas e integra la compañía de teatro musical para las infancias Ligeros de Equipaje. Para el recital sabatino en Sala 73, a las nuevas piezas se sumarán las registradas cuatro años atrás (“Santa rutina”, “Algo que decir” y “Pan de arena”) y escogidas perlas de su profuso recorrido sonoro que incluye desde música brasileña a cumbias, pasando por el cancionero popular argentino.Las localidades pueden adquirirse por Passline o en la puerta de Sala 73 la noche de la función. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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MaZaZo Trío: “Escucho voces” en una noche que encendió el canto compartido

Sala llena en la María Remedios del Valle (Hasta Trilce) para el debut de MaZaZo Trío —Natalia Martínez, Cecilia Zabala y Victoria Zotalis— con su espectáculo Escucho voces. Un concierto donde la voz fue territorio común: arreglos originales, juego escénico y un repertorio que zigzagueó entre canciones propias, clásicos reversionados y memoria latinoamericana. Por Ale Simonazzi Entramos expectantes a la Sala María Remedios Del Valle en Hasta Trilce. Desde el fondo de la sala se escucha primero el pulso de las palmas. Entran Martínez, Zabala y Zotalis caminando entre las mesas y la rueda se hace coro, todos cantamos “Tan alta que está la luna” (Quilapayún, 1972). El canto colectivo arma el primer puente: la música como convocatoria, la escena como casa. El clima queda encendido y ya en el escenario Victoria Zotalis abre el libro propio con “Princesa linyera”: fraseo flexible, piano que acuna y esa forma suya de poner imágenes en primer plano. Ahí mismo, Vicky se queda sola y nos regala una irreverente y amorosa lectura de “Here, There and Everywhere” (The Beatles). Se suma Natalia Martínez para el dúo y hacen “Tiburón” (Zotalis): juego rítmico, voces que se muerden y se sueltan. Vuelve el trío con “Inventario” (Zabala) —esa carta sobre aquello que se deja y se lleva en cada mudanza— y la sala ya late al ritmo de la armonía de tres. Después, Zabala + Zotalis firman una “Libélula” luminosa (tema del disco Pendiente, 2008 de Zabala), donde la guitarra se vuelve contracanto de la voz. Llega el primer desvío delicioso: tango. “Arrabal amargo” en versión MaZaZo: arreglos vocales finos, timbres que se persiguen y se encuentran; el arrabal no como postal envejecida, sino como color actual. El momento tanguero sigue con “El aguacero” en la voz de Natalia, de trazo expresivo y presencia escénica. Vuelve el puente Brasil–Río de la Plata con “O amor não vê desordens” (del disco Fronteras, Zabala–Philippe Baden Powell): Zabala y Martínez trenzan fraseos y dejan respirar cada sílaba. Y entonces Cecilia queda sola para una “Volver a los 17” que resignifica el clásico: contrapunto de voz y guitarra, sutileza que estremece, energía honesta y sensible. Para el tramo final, el trío presenta dos composiciones: “Rugido humano” (Zotalis) y “Vientre” (Zabala), la pulsación crece en capas y la noche no quiere terminar. Es domingo, pero nadie mira el reloj. MaZaZo se despide como entró: palmas y canto colectivo. Reaparece “Tan alta que está la luna”. Todos cantamos: “Vamos vida, yo ya me voy, con mi cajita de cuero, te digo adiós”. Pero no alcanza, pedimos más y el trío vuelve para el bis con “Rugido humano” y la declaración queda flotando: el canto como manera de estar juntas. MaZaZo Trío no “muestra” voces: las entrelaza. Y ahí aparece la huella del proyecto —arreglos originales, impronta escénica, voces como instrumento colectivo. Escucho voces es el espectáculo con el que MaZaZo se presenta, un trío de amigas que celebra el encuentro y convoca a transitar paisajes sonoros en comunidad. Salimos a la calle con la sensación más simple: alegría. Tres artistas enormes disfrutando la libertad de habitar el arte, corriendo límites y haciéndonos parte de un menú de canciones deliciosas. Si el debut es promesa, MaZaZo ya cumplió la primera: escuchar voces —y las escucharnos. Revuelto Radio — Abrazo de música y palabra. Suscribite a YouTube ➯ https://www.youtube.com/@revueltoradio Sitio oficial ➯ https://www.revueltoradio.com.ar Instagram ➯ https://scnv.io/qIfb Mandanos un WhatsApp ➯ https://wa.me/541138040150 ¡Descargá nuestra #APP! ➯ https://scnv.io/nCON

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