No sabíamos cuánto nos hacían falta las canciones de Teresa Parodi hasta que llegan y nos atraviesan. Andamos apurados y aturdidos, entonces nos cruzamos con un nuevo disco que a primera escucha sentimos urgente y necesario. Hasta que amanezca entrega once canciones que miran de frente el tiempo oscuro que habitamos y, aun así, eligen la esperanza. No la ingenua, no la de postal: la que se funda en la certeza de que hay un pueblo con memoria.
La propia Parodi define su mirada compositiva como un intento de reflejar la realidad en la que estamos inmersos, donde escenas urbanas se entrelazan con escenas provincianas que marcaron su vida. «Las canciones, para mí, son relatos, casi retratos de escenas puntuales donde las personas tienen un protagonismo único». Esa declaración de principios se sostiene en cada surco del disco.
La cantora correntina no esquiva el paisaje humano del presente. Lo nombra, lo rodea, lo hace canción. Está la persona en situación de calle, el cartonero, la lucha cotidiana, el miedo que se instala cuando el individualismo gana terreno. Parodi lo dice sin rodeos: «No puede ser que hayamos dejado de ser solidarios, de dejar de pensar en los demás, que estemos dejando que nos gane el discurso del individualismo, del sálvese quien pueda». El disco es la respuesta poética a ese diagnóstico.
Teresa aclara que no sabe cuántos discos más le quedan, pero que tiene la seguridad de que no dejará de contar y contar lo que nos pasa. Y no hay palabra ni abrazo que contenga todos los GRACIAS que queremos darle.
La apertura sorprende con el chamamé como ancla identitaria —la tierra que siempre vuelve—, y que navega sin miedo ni prejuicio entre lenguajes. «Me veo en vos», fusiona la tradición de la murga con el ritmo urbano del rap, con la participación de la murga montevideana Doña Bastarda —bicampeona de los Carnavales 2025 y 2026— y la joven rapera Shitstem (Juana Passeri), cuyo decir personal e intenso amplía el registro de la canción. No es experimento: es diálogo real entre generaciones, entre geografías, entre maneras distintas de decir lo mismo con las palabras justas.
Entre las colaboraciones aparece Lisandro Aristimuño, con quien Parodi interpreta una composición dedicada a la cantora mapuche Luisa Calcumil. También hay un chamamé compartido con Soledad Pastorutti, y se suma la voz de Maggie Cullen en una pieza que amplía el horizonte vocal del álbum. Y Julia Zenko en «Sin miedo», estrenada para el 24 de marzo, con una letra que no negocia: «Nos tiran a matar / y florecemos». Cada colaboración tiene sentido, cada invitada trae su mundo sin borrar el de Teresa. La generosidad artística como método.
Una profunda y potente «Yo vengo a ofrecer mi corazón», de Fito Páez, es la única canción ajena del disco, y Parodi aclaró que la canta también para sí, como una necesidad urgente en tiempos complejos.
Todo esto sostenido por una banda que tiene algo de genealogía y mucho de destino: Emilia Parodi en piano, teclados y sintetizadores; Ezequiel Parodi en guitarras; Lautaro Parodi en bajo eléctrico —sus nietos, nada menos—, a quienes se suman Facundo Guevara en batería y percusión, y Matías Cella en guitarra eléctrica. También invitado, Octavio Parodi aparece en dos temas, completando ese tejido familiar que le da al disco una calidez particular, la de una música que se hereda y se renueva al mismo tiempo.
«Hasta que amanezca» llega con la certeza serena de quien sabe que el sol sale aunque todavía no se lo vea. «La esperanza existe / si el amor espera / No me digas nada / sé que estoy de vuelta / ya planté las flores / para que florezcan». Así termina, y así nos deja: con esa tozudez luminosa de sabernos capaces de construir un mejor mundo.
Ale Simonazzi
Teresa Parodi





