Parece Pajarito - Coqui Ortíz

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Parece Pajarito – Coqui Ortíz

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    La anécdota que da nombre al disco está en el librito que trae el CD: Coqui llevaba a su hija Paloma en bicicleta cuando ella preguntó dónde estaba el abuelo Alfredo. Se fue, le dijo. Pero ¿adónde se fue? Al cielo. Y Paloma, sin dudar, gritó: ¡Parece pajarito! El arte de tapa tiene un colibrí, y hay una leyenda que dice que cada vez que un abuelo muere, donde son enterrados sus huesos nacen flores, y el picaflor viene a beber de esas flores para llevarse el alma a un lugar bendito. Así empieza este disco: con la muerte vuelta asombro en boca de una niña, y con la vida que le responde en forma de canción.

    Parece Pajarito es un disco lleno de nostalgia, de alegría y de profundo agradecimiento —así lo describe el propio Coqui en ese librito—. Doce canciones de autoría propia, casi todas, con la excepción de «Garzas viajeras» de Aníbal Sampayo —versión hermosa y necesaria de ese tema emblemático—, «El aquerenciado», con letra del poeta chaqueño Aledo Luis Meloni, a quien Coqui unió el afecto y la admiración de una relación muy asidua, y los temas La fortuna de mi guitarra y Canoa compuestas junto a Germán Correa. Entre los temas encontramos «El matecito-desenlace», en guiño al «Matecito de las siete» que popularizaron Juan Quintero y Luna Monti.

    La banda que habita el disco tiene a Julio Ramírez en bandoneón y acordeón verdulera, Fernando Silva en contrabajo, Luis Barbiero en flauta y Cacho Bernal en percusión, con Corcho Benítez en cajón y palmas. En «La fortuna de mi guitarra» —letra de Germán Correa, otro poeta del Chaco— se suman las palmas de Carlos Aguirre y la voz de Juan Quintero. En la canción que da título al disco, Coqui y Julio Ramírez solos: nada más hace falta. El disco fue producido por Aguirre y Ortiz, mezclado por Iván Tarabelli, y grabado en Resistencia —tómese esta última palabra como el nombre de la ciudad capital del Chaco y también como una postura frente a los mandatos de la industria cultural.

    Coqui sabe como pocos amalgamar esa memoria de pueblo: los autores reconocidos y las voces de barrio, los cantores y los poetas que no llegaron a grabar un disco pero que están en el fraseo, en el temple, en la manera de pararse ante una canción. Parece Pajarito es uno de los puentes entre la tradición de la música litoraleña y las nuevas voces que en esos años empezaban a escucharse. «No cantes Garzas viajeras que me hace lagrimitas», dijo Paloma un día del 2005, año en que se editó este muy hermoso disco.

    Ale Simonazzi

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