Pablo Tozzi tiene larga historia de cruce entre el jazz y las músicas de raíz. Contrabajista y compositor nacido en la provincia de Buenos Aires, recorrió el funk, el tango y el folklore en diversas agrupaciones antes de consolidar el trío que hoy integra con Abel Rogantini en piano y Martín Vicente en batería. Con esa formación editó Oxímoron; ahora llega Seis maneras de atrapar el silencio, nueve piezas en 27 minutos que el trío registró en una sola jornada de grabación.
El disco abre con «La Vieja», la chacarera trunca que compusieron los Hermanos Díaz, en una potente versión instrumental. Un inicio que invita a disfrutar de una conversación sonora en la que la improvisación y la técnica de estos tres notables músicos embellecen cada composición.
El corazón compositivo del disco es de Tozzi, con obras como «Laguna Escape» o Cortafuego, otras reversionadas: «Brote de Amanecer», «La Monkiana» —guiño inequívoco a Thelonious—. Entre esas piezas aparecen tres «Micro Textos»: «Mapa Antiguo», «Soy un Viajero» y «Belleza en la Ausencia», que duran menos de un minuto cada uno y funcionan como respiraciones, como pausas que le dan al silencio el protagonismo que el título promete. Es un recurso que le imprime al álbum una arquitectura poco habitual: no es una sucesión de temas sino algo más parecido a un relato con pausas pensadas.
La otra pieza ajena es «Chacarera del 55», de Pepe y Gerardo Núñez, esa chacarera revolucionaria compuesta en 1958 en un bar tucumano que cambió la armonía y la intención del género. Que aparezca aquí, junto a «La Vieja», sugiere un arco claro: Tozzi dialoga con dos momentos fundantes del folklore renovado, no para citarlos sino para habitarlos desde el jazz.
El momento más íntimo del disco es, quizá, «Cortafuego», donde se suma la voz de Martina Tozzi —su hija. La canción está escrita con ella y para ella, y eso se escucha: no es un dúo de exhibición sino una conversación que lleva años. La letra invierte el lugar esperado del padre: «yo que aprendí a mirar por tus ojos, a escapar de mis años, a jugar en tu vida». El que aprende es él. El cortafuego del título es esa hendija que se abre entre dos —»desperfecto en el muro tal vez, fue la puerta que abrimos en un cuarto vacío»— y que termina siendo el espacio donde ambos aprenden a volar.
Disco breve, intencional e intensamente breve.
Ale Simonazzi
Pablo Tozzi









