Revuelto

Petroleros ambientalistas, una falsa paradoja

Territorio

Entre octubre y noviembre pasados, la Justicia ordenó la reincorporación de dos trabajadores despedidos —junto a otros ocho— por la petrolera Shell. Entre los fundamentos, además de considerar que la medida fue discriminatoria por sus actividades gremiales, también se destacó que la persecución estaba vinculada a sus roles como defensores ambientales. A contramano de la falsa dicotomía entre desarrollo y ambiente, el fallo demuestra que existe un puente necesario si se quiere avanzar hacia un buen vivir aquí y ahora.

Por Natalia Concina

Es 30 de agosto de 2024 en Ingeniero Jacobacci, provincia de Río Negro y está por comenzar la audiencia por el proyecto minero Calcatreu. Una gran cantidad de personas con pancartas a favor de la minería ingresa al polideportivo. Con pecheras de AOMA (Asociación Obrera de la Minería Argentina), se dedican a abuchear las pocas voces en contra, ya que la mayoría de quienes pudieron ingresar apoyaban el proyecto. Afuera, decenas de vecinos y vecinas intentan hacer oír su reclamo —No a la megaminería—, pero los bombos de los sectores gremiales los tapan.

Ahora es enero de 2025. Un grupo de vecinos protesta frente a la oficina del proyecto minero San Jorge, en Uspallata, Mendoza. Otro grupo de personas identificadas con pecheras y banderas de la UOCRA (Unidad Obrera de la Construcción de la República Argentina) desciende de un micro y comienza a agredirlos: primero con palabras, luego con golpes. Un vecino resulta herido; otro interviene para evitar que la esposa del herido sea atacada. Dos días después, ese mismo vecino es detenido.

No era la primera vez que una patota de la UOCRA agredía a quienes defienden el territorio. En 2013 ya había irrumpido en el acampe de Malvinas Argentinas, Córdoba, donde vecinos, vecinas y activistas resistían la instalación de una megafábrica de Monsanto, productora —entre muchas otras cosas— de Roundup, nombre comercial del glifosato, un herbicida ampliamente utilizado asociado a cáncer, problemas respiratorios y abortos espontáneos, entre otras afecciones.

Estos episodios son expresiones extremas de una confrontación que busca instalarse entre trabajadores y ambientalistas, basada en una falsa dicotomía: desarrollo vs. ambiente. En ese marco, quienes defienden los territorios son señalados como obstáculos al progreso y a las promesas de empleo. Pero, ¿Qué es el progreso? ¿Para quién? ¿Para qué?

Un puente necesario para un buen vivir aquí y ahora

Gustavo Michel ingresó a trabajar en Shell en 2008 como operario y brigadista. “En 2014 me echaron por reclamar mejores condiciones de trabajo y por querer presentar una lista opositora al gremio”, recuerda en Después de la Deriva.

Y agrega: “En ese momento ya denunciábamos problemas de salubridad y contaminación: muchos compañeros tenían benceno y tolueno en sangre. También hubo casos de asbestosis y enfermedades muy graves. La empresa hizo algunos estudios, pero después dejó de hacerlos”.

Tras una importante lucha sindical, social y judicial, Gustavo fue reincorporado, pero en enero de 2025 volvió a ser despedido, esta vez junto a otros nueve trabajadores. Entre ellos, Pablo Placeriani, que había ingresado en 2015.

“En mi caso, colaboré con el portal La Izquierda Diario, escribiendo artículos y participando en investigaciones sobre contaminación”, cuenta Pablo.

Los despidos de enero fueron sin causa. Al llegar a la planta, los trabajadores se encontraron con un fuerte operativo de seguridad que les impedía el ingreso y recibieron un telegrama que citaba el artículo 245, que habilita despidos con indemnización sin explicaciones.

Desde entonces, se movilizaron y denunciaron que se trataron de despidos discriminatorios. La Justicia les dio la razón en distintas instancias. En los casos de Gustavo y Pablo, además, señaló que la discriminación también se vincula con su rol como “defensores ambientales”. Petroleros y ambientalistas: ¿una rareza o no?

“En Dock Sud, donde está la refinería, hay denuncias por problemas respiratorios, afecciones en la piel y niños con plomo en sangre. Durante años se usó plomo para aumentar el octanaje de las naftas. Luego se cambió la fórmula, pero la contaminación quedó en la tierra y el agua, y sigue afectando a Villa Inflamable”, explica Pablo.

“Creo que nos despiden por ser testigos de estas situaciones. La empresa vende una imagen de excelencia en seguridad e higiene, pero esa no es la realidad que vivimos ni los trabajadores ni el barrio. Denunciar eso es lo que nos cuesta el trabajo”, agrega.

Gustavo señala que esa lógica de descuido ambiental también impacta en las condiciones laborales: “A los pocos meses de nuestros despidos hubo un accidente gravísimo por la aceleración de los ritmos de trabajo y murió un compañero con 30 años de antigüedad. No fue un hecho aislado: estos accidentes se repiten. En 2018 pasó algo similar con un contratista. Yo mismo tuve que rescatar a un compañero que se estaba quemando”.

Y continúa: “No son denuncias abstractas: son situaciones reales y muy graves, como los incendios en tanques de crudo, donde los trabajadores se salvan de milagro”.

Estas condiciones no afectan sólo a quienes trabajan en la refinería: “Los vecinos ven los antorchazos y no saben qué pasa. La empresa oculta información y actúa con impunidad. Además, nuestros despidos disciplinan a quienes quedan adentro y desalientan reclamos por mejores condiciones”, advierte.

Pese a los fallos que ordenan la reinstalación de ambos en sus puestos laborales, la empresa se niega a hacerlo. Frente a esta decisión, la Justicia ha intimado -todavía sin éxito- directamente al CEO de Shell.

“Estos fallos son muy importantes porque reconocen que la defensa ambiental y la lucha laboral están conectadas. Son los trabajadores quienes viven en sus cuerpos estas condiciones y las denuncian, tanto dentro de la refinería como en el barrio”, señala Melina Acevedo, abogada del CeProDH.

También recuerda que “la contaminación de Shell fue denunciada en todo el mundo y, en Argentina, quedó probada en el conocido Fallo Mendoza”.

Pablo también destaca que los fundamentos de estos fallos de reinstalación los contemplen como defensores ambientales: “Establecen una relación muy natural entre las demandas del barrio y de los trabajadores”.

Y agrega: “Los problemas ambientales no son ‘palermitanos’, no pertenecen a sectores ilustrados, estudiantes o intelectuales. Afectan sobre todo a los sectores más vulnerables. Yo me crié en Dock Sud y creo que volver a la refinería, manteniendo ese vínculo con el barrio, puede ser clave para disputar el accionar de la empresa”.

También plantea la necesidad de mayor transparencia: “Shell debe informar cómo produce y qué produce. Necesitamos articular con técnicos, investigadores y estudiantes para saber qué contaminantes hay, qué tan segura es el agua y qué estamos respirando”.

En esa línea, los trabajadores propusieron la creación de una Comisión de Seguridad e Higiene integrada por la empresa, especialistas independientes y vecinos.

“Es muy importante establecer una relación entre las necesidades barriales y los trabajadores. De hecho, es una política consciente de la empresa que el trabajador se sienta ajeno al barrio. Pero muchos somos del barrio”, cuenta.

“Entonces -concluye- nosotros no solamente queremos volver porque es nuestro lugar de trabajo, por nuestro salario y nuestras familias, sino también porque lo entendemos como un lugar en el cual también podemos dar una pelea colectiva y tender puentes entre los petroleros y todas las otras luchas que se dan. Nosotros pensamos que los lugares de trabajo tienen que ser lugares distintos. Peleamos por una vida que realmente merezca ser vivida”.

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